ISBN 0124-0854
N º 74 Diciembre de 2001
Navidad
PPoor r Hoor raacci iioo Quui iir rooggaa
** *
Anónimo. Cortejo de las santas en San Apolinar el Nuevo( Detalle) 550 d. C. Mosaico. Ravena
Como en esta selección no podría faltar Latinoamérica, presentamos a nuestros lectores un relato de uno de los mejores cuentistas que han nacido en nuestro continente, donde el autor hace hincapié en la enorme distancia que separa los juicios humanos y los divinos
L
os Reyes Magos, después de consultar a Herodes, partieron de Jerusalén. La estrella divina que antes les había guiado y que habían perdido reapareció hacia el sur, descendiendo al fin sobre el techo de una humilde posada, donde acababa de nacer Jesús.
Los viejos monarcas lo adoraron parte de la noche, retirándose temprano, pues al alba debían partir para Jerusalén a avisar a Herodes; pero en un nuevo sueño unánime fueron advertidos de que no lo hicieran así. Cambiaron en consecuencia de dirección y nunca se volvió a saber de ellos.
Cuando después de muchos días de espera Herodes se vio engañado por los viejos árabes, entró en gran furor y ordenó que se degollara a todos los niños menores de dos
años de Bethlehem 1 y sus alrededores. Militaba por entonces en la segunda decuria de la guardia de Herodes un soldado romano, llamado Quinto Arsaces Tritíceo, parto de origen y hombre de carácter decidido y franco. Durante su estación en la triste Judea había depositado su amor en una joven bethlehemita de nítida belleza, tan sencilla de corazón que jamás había soñado más horizonte para su hermosura que el homenaje del sincero soldado.
Salomé – llamábase así – vivía en Bethlehem con sus padres, y dos veces por semana llevaba a la capital los frutos varios de su huerta. A su regreso, en las claras noches de luna, Arsaces solía acompañarla, con su espada corta y su jabalina.
1 Belén