Agenda Cultural UdeA - Año 2000 AGOSTO | Page 5

ISBN 0124-0854
N º 59 Agosto de 2000 actividad continuada- cuando no carecen totalmente los compositores de tales medios de difusión de sus obras. Pero, anticipándonos a quienes vengan a objetar que el interés despertado en los jóvenes por las técnicas nuevas-incluyendo la música electrónica- viene a destruir todo acento racial, responderemos que en numerosísimas obras de compositores cuyos nombres no habrán de citarse aquí( por no establecer una tabla de valores favorecedora de quienes ya disponen de imprentas y equipos grabadores para difundir su música), se percibe siempre un dejo nacional, más o menos marcado, tras del medio de expresión escogido. En partituras al parecer“ cosmopolitas” por el aspecto exterior, corre sangre de talo cual país de nuestro continente. Es, aquí, un modo de usar la percusión; es, allá, el impulso rítmico; es, más allá, el asomo de una escala, de una cadencia característica, de una sonoridad peculiar; o bien, el“ collage” revelador, la índole del trazo, el humorismo del decir, la melancolía de un clima. O, simplemente, el contenido de un texto claro, imprecatorio, vengador, clamado por un cantante o por un coro … No se es“ nacional” ni“ nacionalista” por citar un tema folklórico. Una melodía presentada por un famoso musicólogo argentino, en libro suyo, como tema de“ candombe” colonial, es cantada en
México, en tiempo más lento, como canción sentimental. Una conocida romanza colombiana pasó por cubana, durante mucho tiempo, al ser reeditada en La Habana, con ligeras modificaciones rítmicas en el acompañamiento … Cuando Debussy y Ravel escribieron“ Habaneras”, siguieron siendo tan franceses como franceses eran los“ salvajes” de América que hizo bailar Rameau en sus“ Indias Galantes”. El“ Dies Irae” del canto gregoriano resulta un magnífico tango argentino cuando es tocado, en bandoneón, con ritmo porteño … Si el hábito no hace al monje, el tema, en música, no basta para validar una tarjeta de identidad.
Los compositores europeos de los siglos XVII Y XVIII( clásicos por antonomasia, según nuestros tratados, aunque ellos jamás se barruntaron que llegarían a ser“ clásicos” algún día, del mismo modo que nunca se sintieron medievales nuestros tremebundos“ caballeros medievales”…), vivieron siempre ajenos a una cierta jerarquización de la música que sólo viene a producirse en la historia del arte de los sonidos hace un poco más de cien años. Nos referimos a aquella que levanta fronteras entre la música culta y la música popular( no confundiéndose la segunda, desde luego, con aquellas expresiones que, a partir de Herder, se consideraron como folklore). Para el compositor clásico- aceptemos momentáneamente el término por su virtud generalizadora- no existía una música culta diferenciada de la música popular. El artista creador, dueño de sus técnicas, dominaba todos los géneros, escribiendo música que respondiera a tal o cual pedido o requerimiento- destacándose, por supuesto, en aquello que fuese más afín a su temperamento. Cuando la Iglesia solicitaba sus servicios, escribía una música litúrgica o festiva, según el carácter de la
Una palabra nueva en nuestro idioma se articula, por vez primera, en una Geografía y descripción universal de las Indias de Juan López de Velazco, escrita en México entre los años 1571-1574: la palabra criollo. Y, tras de la palabra, la graciosa explicación:“ Los españoles que pasan a aquellas partes y están en ellas mucho tiempo, con la mutación del cielo y del temperamento de las regiones, aun no dejan de recibir alguna diferencia en el color y calidad de sus personas; pero los que nacen de ellos, que llaman criollos, y en todo son tenidos y habidos por españoles, conocidamente salen ya diferenciados en el color y el tamaño …”