Agenda Cultural UdeA - Año 2000 AGOSTO | Page 14

ISBN 0124-0854
N º 59 Agosto de 2000 nuestro siglo, algunos compositores nuestros, más sensibles a una ecuménica convergencia de energías ambientes-así viniesen de arriba o viniesen de abajose situaron en niveles nunca alcanzados hasta la aparición de sus personalidades. Así, el caso de Héctor Villa-Lobos( 1887- 1959), arquetipo en genio y figura del gran compositor latinoamericano, cuyas obras conocen, actualmente, un éxito tal que muy pocos músicos de esta época podrían aventajarlo en número de ejecuciones cotidianas de obras suyas, en conciertos, espectáculos de ballet, emisiones de radio o televisión … Pero obsérvese que cuando un músico nuestro alcanzó niveles cimeros, ayer como hoy, fue siempre en perfecta armonía-valga el término-, entendimiento y convivencia cordial con el autor de músicas menos ambiciosas, destinadas al baile, el teatro sin pretensiones, o el mero holgorio de cada día. Y es que este último fue siempre, desde los días de la Conquista, el inventor primero de nuestros estilos musicales. Estilos debidos- lo dijimos ya- a modos de cantar, de tañer los instrumentos, de manejar la percusión, de acompañar las voces; estilos debidos, más que nada, a la inflexión peculiar, al acento, al giro, el lirismo, venidos de adentro- factores éstos, mucho más importantes que el material melódico en sí. Porque el error de muchos compositores“ nacionalistas” nuestros
consistió-como apuntamos antes- en creer que el tema, el material melódico, hallados en campos o en arrabales, bastaban para comunicar un carácter peculiar a sus obras, dejando de lado, los contextos de ejecución que eran, en realidad, lo verdaderamente importante. Por otra parte, no debe aceptarse como dogma que el compositor latinoamericano haya de desenvolverse forzosamente dentro de una órbita nacionalista. Bastante maduros estamos ya- habiendo dejado tras de nosotros ciertas ingenuidades implícitas en el concepto mismo de“ nacionalismo”- para enfrentamos con las tareas de búsqueda, de investigación, de experimentación, que son los que, en todo momento de su historia, hacen
Si el Instrumento electrónico, la sintetizadora, no tienen nacionalidad, quien los maneja lleva la suya en las manos. Y la sensibilidad-la peculiar sensibilidad de quien nació criollo- habrá de manifestarse siempre, del mismo modo que, ya conocedores de los empeños y giros nuevos del arte en este siglo, advertimos inequívocamente la presencia del francés, del alemán o del italiano, en los experimentos más
arriesgados y espinosos de la música contemporánea …
avanzar el arte de los sonidos, abriéndole veredas nuevas. Pero, en tales tareas, un buen conocimiento del ámbito propio puede ser de suma utilidad. No olvidemos que los tambores afroamericanos, las maracas indias, las claves xilofónicas nacidas en el puerto de La Habana, las marímbulas y güiros de nuestros conjuntos populares-esos que llamábanse“ ministriles” en las Actas Capitulares de la Colonia- se anticiparon en muchísimos años a los juegos de percusión a que son tan aficionados los compositores modernos.( Sin ellos, hubiese sido inconcebible una obra fundamental como lo es la Ionización de Edgar Varése). Y si, desde hace cincuenta años, los guitarristas nuestros están enriqueciendo el repertorio de la guitarra con obras de un inestimable valor, ello se debe a que la guitarra está sonando entre nosotros-y no ha dejado de sonardesde que nos vino de Europa en las naves de la Conquista. Como en tiempos de Cervantes y de Lope, devolvemos, enriquecido y magnificado, lo que del Viejo Continente se nos trajo … Y si, tras de una búsqueda audaz en el dominio de la electrónica, de las nuevas técnicas, de“ significantes” cada vez más complejos, puede desaparecer, aparentemente, un cierto acento nuestro, no hay que alarmarse por ello.