Agenda Cultural UdeA - Año 2000 AGOSTO | Page 11

ISBN 0124-0854
N º 59 Agosto de 2000
Una palabra nueva en nuestro idioma se articula, por vez primera, en una Geografía y descripción universal de las Indias de Juan López de Velazco, escrita en México entre los años 1571- 1574: la palabra criollo. Y, tras de la palabra, la graciosa explicación:“ Los españoles que pasan a aquellas partes y están en ellas mucho tiempo, con la mutación del cielo y del temperamento de las regiones, aun no dejan de recibir alguna diferencia en el color y calidad de sus personas; o los que nacen de ellos, que llaman criollos, y en todo son tenidos y habidos por españoles, conocidamente salen ya diferenciados en el color y el tamaño …” Acuñada queda la palabra, cuya presencia rastrea el investigador José Juan Arrom en numerosos documentos comerciales y eclesiásticos redactados en las postrimerías del siglo XVI. Pero ya, en fanfarria de pequeña epopeya local, son alabadas las virtudes de valentía e inteligencia del criollo, así sea blanco, así sea negro, en el“ Espejo de Paciencia” cubano de 1608 … Hablando de un mundo lejanísimo del de las Antillas, el Inca Garcilaso nos señala, un año después, en sus Comentarios Reales, que así llaman los españoles a los nacidos en el Nuevo Mundo, así sean de padres europeos o africanos. Ya el criollo existe como tal. Hombre nuevo. Nueva manera de sentir y de pensar. Humanista, latinista, espíritu universal, la portentosa criolla Sor Juana Inés de la Cruz escribe
deliciosos tocotines en lengua indígena y villancicos en jerga de negros, asimilándose el habla de razas que tan capitalmente contribuyeron a la formación de nuestra cultura. Y Simón Rodríguez, maestro del Libertador Simón Bolívar, habrá de escribir, en 1828, en nueva afirmación de los valores de una criolledad que ya había engendrado grandes guerras de independencia:“ Los hijos de españoles se parecen muy poco a sus padres”. América, según el discípulo de Rousseau y traductor de Chateaubriand,“ no es España”. Y añade, en texto de 1840:“ La América no ha de imitar servilmente, sino ser original. La lengua, los tribunales, los templos y las guitarras engañan al viajero. Se habla, se pleitea, se reza y se tañe a la española, pero no como en España.”
En el criollo americano se manifiesta, desde muy temprano, una doble preocupación: la de definirse a sí mismo, la de afirmar su carácter en realizaciones que reflejen su particular idiosincrasia, y la de demostrarse a sí mismo y demostrar a los demás que no por ser criollo ignora lo que ocurre en el resto del mundo, ni que por vivir lejos de grandes centros intelectuales y artísticos carece de información o es incapaz de entender y utilizar las técnicas que en otros lugares están dando excelentes frutos. De ahí, su anhelo de“ estar al día” que habrá de integrarlo en los movimientos de la época, promoviéndose un romanticismo americano cuando el romanticismo arrastra las mejores mentes creadoras de Europa, o, en nuestro siglo, una serie de vanguardismos estéticos que corresponden( a veces con