Agenda Cultural UdeA - Año 1999 SEPTIEMBRE | Page 12

ISBN 0124-0854
N º 49 Septiembre de 1999 codos. Es una charla disparatada. Sucede lo contrario cuando escribo. Entonces me mantengo habitualmente apartado, abstraído, silencioso y con frecuencia mal humorado.
(…) Pero al hombre al que más debo en esto de la pintura es a mi amigo de la infancia Emil Schmellock. Ya en 1929 era él quien me estimulaba, guiaba e inspiraba. Ahora me hace gracia recordar que en esa época solía decir:‘ desearía tener el valor de pintar como tú, Henry’. Quería decir, de una manera‘ desordenada y libre’, o sea con un desprecio completo por la anatomía, la perspectiva, la composición estructurada, la simetría dinámica, etc. Naturalmente, era divertido pintar como a uno le daba la gana, mucho más que hacer latas de tomates realistas, botellas de leche o rebanadas de bananas con crema.(…) Con frecuencia Emil traía, cuando me visitaba, preciosos álbumes de reproducciones de los grandes maestros. A veces pasábamos toda la noche estudiando un álbum. En algunas oportunidades una obra maestra, por ejemplo una obra de Cimabue o Piero della Francesca, era la que acaparaba nuestra conversación durante toda una noche.(…) Inclusive en aquella época me atraía violentamente la obra de los niños y de los locos. Al presente, si tuviera que elegir- ¡ Si pudiera elegir!- preferiría rodearme con obras de niños y de locos antes que con las de‘ maestros’ como Picasso, Dalí y Cézanne. Estudiando, con el propósito de imitarla, una de las‘ obras maestras’ de Tasha Doner-quien tenía entonces siete años-, pinté uno de
Cezanne. El cantero verde. Acuarela
mis mejores puentes. Y no era ni aproximadamente bueno como el puente que Tasha había pintado de prisa en mi presencia.
(…) Quiero volver a Tasha Doner durante un momento. Siempre que me siento desesperado a causa de mi incapacidad para pintar lo que veo o siento, evoco el recuerdo de Tasha. Cuando se trata de caballos por ejemplo. Tasha puede comenzar por la cabeza o por la grupa igualmente, pues siempre sale un caballo. Y si quiere pintar un árbol sucede lo mismo. Comienza por las hojas y las ramas o por el tronco, pero siempre hace un árbol. Si por casualidad comienza en el lado izquierdo del papel, se mueve directamente a través de él hasta que llega al margen de la derecha. O viceversa. Si comienza en el medio, digamos con una casa, primeramente pinta todas las puertas y ventanas, la chimenea y el tejado, y luego procede a pintar el paisaje. De lo último que se ocupa habitualmente es del cielo, si