ISBN 0124-0854
N º 47 Julio de 1999
En el caso Yourcenar hay que hablar del respeto basado en la libertad. La consecuencia sería la convivencia, tan inentendible en estos tiempos. Ahora sé que existió una niña Yourcenar que se preocupó de sí misma, con la suficiente responsabilidad para asumir las consecuencias de llegar a ser quien sigue siendo. Veo esa misma niña autodidacta, aprendiendo varias lenguas, historia, mitología griega, pensamiento oriental, filosofía, y quién sabe qué más aspectos que encauzó en sus obras por la vía de la convivencia y del respeto, por todo aquello que esté por fuera de nuestros ojos, para luego validarnos en sus páginas como personas útiles-individual y socialmente-. Creo que ella en un comienzo no imaginó tener tantas herramientas acumuladas de conocimiento que serían su prestigio: ser una de las mejores escritoras comprometidas con el estudio de los acontecimientos del pasado relativos al hombre y a sociedades humanas. Ella fue creciendo en su identidad como personaescritora, cuando sus personajes empezaron a responder por una veracidad histórica que puede dar cuenta de nuestro tiempo. Por ejemplo en el
Emperador Romano-Adriano-, el mejor de los Gobernantes de nuestros días. Así la historia es una herramienta; y no quiero que se me entienda que estoy rebajando su trabajo de investigación histórica. Por el contrario, lo que pretendo decir es que ella y sus obras fueron más allá del único sitio que se ganó una mujer en la Academia Francesa de la Lengua. Tuvo la capacidad esculpir el tiempo para que también lo pudiésemos ver en presente.
Tomados de su mano podemos abordar la problemática de la libertad. Yo me puse a hilvanar cada uno de sus libros y vi a una persona de cualquier época recorriendo este camino, cuando en Alexis o el tratado del inútil combate, el personaje central no hace más que reconocerse, sin permitirse el propio engaño por el ambiente que lo rodea- ¿ primera etapa de la libertad?-. También, cuando vi al Emperador, en Memorias de Adriano, ya reconocido por sí mismo, pero debatiéndose con el individuo que desea amar y ser amado. El gobernante lo contradice por la responsabilidad brindarle el bienestar a sus gobernados- ¿ segunda etapa?-. En él, los fantasmas del amor personal luchan
Marguerite Yourcenar a los trece años de edad. Tomada de Marguerite Yourcenar. La invenci6nde una vida