Agenda Cultural UdeA - Año 1998 NOVIEMBRE | 页面 26

ISBN 0124-0854
N º 40 Noviembre de 1998 estarían probablemente fascinados( y seguramente irritados) si oyesen hoy la emisora de hip-hop * y allí escucharan una serie de temas en los cuales no cuenta sino el ritmo, las letras y el tono de voz. Esto no es la atonalidad sistemática; es la no-tonalidad, extremamente atenta a la textura, pero deliberadamente sorda a la sonoridad.
En un sentido más amplio, la música no es más que el ritmo. Desde el punto de vista práctico, el ritmo es lo que une a la música con el cuerpo: al pulso y a la respiración, al movimiento y a la danza, al sexo.“ El ritmo es la vida que se instala” dijo un día el gran cantor brasileño Gilberto Gil.“ La vida es periodicidad y repetición, son los ciclos de la naturaleza, y el ritmo es su fundamento.”
Cuando la música se vuelve funcional, el ritmo determina a menudo la función, él puede, según el caso, regular la cadencia de un oficio manual, da vida a los bailarines, une a los manifestantes o llama a los espíritus. El ritmo tiene una acción directa sobre el organismo; en un recinto en el cual resuena una pulsación potente y regular, los latidos del corazón de los auditores tienen la tendencia a sincronizarse con el ritmo difundido. Él puede igualmente tener un efecto de orden psicológico, según si se bate con una regularidad calmante o si se presenta como un break * cambiando de tiempo; la jungle y los estilos similares de los disc-jockeys hacen uso de los dos simultáneamente, actuando sobre estas sacudidas psíquicas.
A diferencia de la armonía y la melodía bien temperada, el ritmo se deja raramente capturar en el papel. Él escapa a la notación y a la transcripción, exigiendo de aquellos que lo quieren dominar que lo aprendan de memoria; él continúa siendo una tradición oral.
El ritmo cumple igualmente una función social, federa las comunidades a través de las danzas que estas puedan compartir. Es también tribal-en cuanto identifica a tal música con tal cultura específica o país de origen-. Un ritmo de merengue lleva al oyente a la República Dominicana; unas tablas * que interpreta un tintal o unos ciclos rítmicos de una raga *, evocan a la India del Norte. A los oyentes más eclécticos y desraizados el ritmo les procura raíces o, al menos, reaviva el recuerdo de éstas. Al mismo tiempo, combinar los ritmos permite combinar los públicos: la mezcla de géneros a la mezcla de ritmos. Un ritmo tan despojado y adaptable como el reggae ha infiltrado las músicas del mundo entero puesto que se combina con casi todo; utilizando viejos ritmos seleccionados y simplificados, el hiphop hace lo mismo en este momento.
Para numerosas culturas el ritmo es también un lazo con lo sagrado, con las divinidades y con los poderes sobrenaturales. El maestro percusionista senegalés Dudu N ' Diay Rose decía en una entrevista que los ritmos que él utiliza sueltan una fuerza tal-capaces de curar, así como de herirque antes de los conciertos su grupo