ISBN 0124-0854
N º 40 Noviembre de 1998 reza unos versos del Corán para invocar su influencia pacificadora. El batido de los tambores convoca a los dioses del panteón yoruba durante los rituales de la diáspora africana, del vudú haitiano a la santería cubana, pasando por el candombe brasileño. Para los sufistas musulmanes, el ritmo del qawwal * representa una promesa de unión mística con lo divino. Para ciertos oyentes, estos ritmos constituyen un patrimonio sagrado; para los profanos, ellos tienen un perfume de exotismo, ellos son un atajo hacia la espiritualidad.
En la música clásica moderna, el ritmo se afirma a través de múltiples vías de pensamiento. Los músicos del siglo XX han debido adaptarse a la era industrial, futuristas como Luigi Rossolo han construido“ máquinas de ruido”( al mismo tiempo los compositores de jazz y de blues se interesaban en los trenes). El compositor Elliot Carter, buscando nuevas formas de coherencia para sus complejas formulaciones armónicas, daba una nueva impulsión y una nueva energía a sus piezas gracias a una técnica inspirada en las músicas africana, asiática y medieval: la“ modulación métrica” una yuxtaposición de complicadas combinaciones rítmicas. El minimalismo comenzó como un rumor sin fin, pero, a medida que Philip Glass se impregnaba del raga indio y que Steve Reich exploraba las percusiones de África occidental y la música de los gamelans * indonesios, sus composiciones se volvieron más
rítmicas, transformando unas armonías estáticas en un cambiante movimiento perpetuo, y sin proponérselo, seduciendo los oídos acostumbrados al rock. Los jóvenes compositores clásicos integran desde entonces de manera desinhibida baterías acústicas y ritmos numéricos.
Los revisionistas del jazz vuelven a mirar hoy por hoy esta música en términos de evolución rítmica; en función de las épocas, el rag-time, el two-beat swing o las síncopas alertas del Be-bop han servido de marco a los improvisadores. En el jazz de hoy, las secciones rítmicas hacen malabares con las medidas de los compases, las épocas y las culturas, fundando la estructura musical tanto en el groove como sobre la armonía o la melodía. La punta de lanza del jazz estadounidense, el festival Jazz at the Lincoln Center, coloca con orgullo el ritmo en primer plano e insiste sobre la importancia primordial del swing.
En el rock, los cambios han sido aún más rápidos. Después de haber inundado los espacios musicales de los años setenta, el rock se apoderó de todos los buenos ritmos que tenía a la mano: las baterías adrenalizadas del punk, los grooves africanos y caribes y sobre todo el funk reciclado y simplificado del hip-hop, que puede transformar-poco más o menoscualquier cosa en base rítmica inclusive en los géneros que quieren evitar toda contaminación por el hip-hop, como el neo-folk-rock de los Wallflowers( el grupo de Jakob Dylan, el hijo de Bob