ISBN 0124-0854
N º 102 Agosto 2004 al hindú, o la simple travesía de calle con hindúes en las puertas es molesto y odioso. Todos e resfriados. Uno no se resigna. Uno espera al día siguiente estarán mejor. resfrío, el más intolerable de to el resfrío de la respiración y alma. Lo miran a uno con un aplomo, un bloqueo misterioso y sin comprendamos por qué, nos dan impresión de jntervenir de al modo en sí mismos, como n tras no lo podríamos. / lJ hindú no le encanta la gracia de los animales. Más bien los mira de reojo. No le gustan los perros. Los perros no son reservados. Seres espontáneos, vergonzosamente desprovistos de self-control. Y además, ¿ qué significan esos reencarnados? Si no hubieran pecado, no serían perros. Tal vez, inmundos criminales, han matado un Brahma( tener buen cuidado en la India de no ser ni perro, ni viuda). El hindú aprecia la sabiduría, la meditación. Siente afinidad con la vaca y el elefante, que existen para adentro, que viven de algún modo retirados. / lJ hindú le gustan los animales que no dan las « gracias » y que no hacen demasiadas cabriolas. En el campo, hay pavos reales, no hay gorriones, hay pavos reales, ibis, garzas, muchos cuervos y milanos. Todo eso es serio. Camellos y búfalos. Inútil agregar que el búfalo es lento. El búfalo aspira a echarse en el fango. Fuera de eso todo lo aburre. Si lo enganchan, aunque sea en Calcuta, no corre ioh, no! y pasando de tiempo en tiempo su lengua color de hollín entre los dientes, mira la ciudad como un forastero. El camello, para los orientales, es muy superior al caballo; un
caballo al trote o al galope, tiene siempre el aire de hacer sport. No corre, se agita. El camello, al contrario, adelanta con un paso armonioso. A propósito de vacas y de elefantes, tengo algo que decir. No me gustan los escribanos. Vacas y elefantes: animales sin impulso, escribanos. A propósito de impulso, tengo algo que añadir. La primera vez que fui al teatro indostani, poco me faltó para llorar de rabia y de desencanto. Estaba en plena « provincia ». Tal era el efecto que de modo sorprendente me produjo el indostaní, esa lengua de palabras beatas, pronunciadas con una lentitud aldeana y bonachona, con montones de vocales espesas, aes y oes bien abiertas con una especie de vibración hinchada y pesada, o contemplativamente arrastrada y asqueada, íes y ees, letra boba, un verdadero beh de vaca. Y todo envuelto, nauseabundo, confortable, eunucoide, satisfecho, desprovisto del sentido del ridículo. El bengalí tiene más canto, más declive, un tono de dulce reproche, bonhomía y suavidad, vocales suculentas y una especie de incienso. El hombre blanco es poseedor de una cualidad que lo ha he cho hacer camino: el irrespeto. El irrespeto tiene las manos libres y puede fabricar, inventar, progresar. El hindú es religioso, está ligado a todo. El americano tiene poca cosa. Y e ~ e poco está de más. El blanco no se deja hipnotizar por nada. Arabes, hindúes, hasta el último de los parias, están como saturados por el concepto de la nobleza humana. Su porte, su traje, su turbante, sus