Durante la década de los años 50, ya fue perceptible que la Compañía de Jesús se iba apartando de su tradicional obediencia. Pío XII les llamó la atención a los jesuitas sobre su desobediencia, según actas de las congregaciones generales de 1957. En esa época el jesuita Teilhard de Chardin trataba de difundir doctrinas opuestas a las enseñanzas de la Iglesia, pero el Papa le cerró el paso. Sin embargo, a la muerte de Teilhard( 1955) y de Pío XII( 1958), la corriente telhardista comenzó a introducirse en seminarios y círculos católicos. Ya para entonces había un arsenal " filosófico-teológico " que sólo aguardaba un momento propicio a fin de lanzar una teología que embonara con el materialismo marxista. La primera coyuntura propicia ocurrió en agosto de 1962, cuando el cardenal Tisserant fue comisionado por el Papa Juan XXIII para que se entrevistara en la ciudad francesa de Metz con una delegación llegada de Moscú, a fin de formalizar la asistencia de observadores soviéticos al Concilio Vaticano II. La entrevista se efectuó en la residencia del obispo de Metz, Paul Joseph Smitt. Como representantes del Kremlin asistían Anatoly Adamshin y el patriarca Nikodemo Rostow. A fin de aceptar que observadores de la URSS asistieran al Concilio, Moscú pedía que en éste no se criticara ni se condenara al marxismo. Con autorización de Roma, el cardenal Tisserant accedió a tal petición. La razón se desconoce, pero el hecho ha sido confirmado en diversas fuentes.
Monseñor Schitt, obispo de Metz, dijo en una conferencia de prensa que tal compromiso fue real.( Publicado en " Le Lorrain ", 9 de febrero, 1963). Monseñor George Roche, que durante 30 años fue secretario del Cardenal Tisserant, confirmó la existencia del Pacto de Metz en la revista " Itineraires ", Núm. 285, pág. 153. Dice que la iniciativa partió de Juan XXIII, por sugerencia del Cardenal Montini, y que Tisserant recibió órdenes de firmar el acuerdo y de vigilar su cumplimiento. El diario católico " Le Croix ", del 15 de febrero de 1963, informó que el acuerdo había sido concertado por el patriarca Nicodemo Rostow y el cardenal Tisserant. Por otra parte, " France Nouvell ", boletín central del Partido Comunista de Francia, publicó que como el comunismo ya era una fuerza mundial, con numerosos países en su órbita, la Iglesia no podía conservar su anterior actitud.( Núm. 16 del 22 de enero de 1963).( 1) En cuanto al Pacto de Metz, se puede dudar de sus términos exactos, pero es un hecho que en el Concilio figuraron críticas al capitalismo y al colonialismo, pero ninguna para el comunismo. Es más, en tres ocasiones la comisión competente se rehusó a que se aludiera al marxismo. Doscientos trece padres conciliares, de todo el mundo, pidieron que la asamblea del Concilio reiterara las numerosas condenas hechas al comunismo en los años anteriores o que se refutaran los errores del marxismo en las áreas religiosa, filosófica, social y económica. Tal petición, firmada, la entregó monseñor Gerardo Proenca Sigaud, arzobispo de Diamantina, Brasil, el 3 de diciembre de 1963. Pero la Comisión( 1) Con anterioridad Moscú había obtenido-a través del cardenal Willebrands- la concesión de que en los países ocupados sólo se nombraran obispos " de paz ", o sea los que guardaran silencio acerca de las prácticas marxistas, no como el cardenal Mindszenty, que aun torturado se negó a " colaborar ".
competente la retuvo y luego se neg6 a que fuera tratada. Otra petición sobre el particular, firmada por 450 obispos, el 29 de septiembre de 1965, corrió igual suerte. Ahora bien, de ese hecho sólo puede afirmarse estrictamente que el Concilio no había tratado el tema del marxismo, pero no que diera su bendición para que fuera del Concilio se realizara un movimiento en favor de esa ideología. Sin embargo, eso fue precisamente lo que ocurrió. Resulta que el movimiento soviético " Pax " montó en Roma dos centros propagandísticos que se convirtieron en " Información y Documentación Conciliar "( lDO- C), con 130 especialistas { incluso expertos de " The New Cork Times ", abogados de la Suprema Corte de Estados Unidos y teólogos " progresistas "). El IDO-C abrió sucursales en numerosos países y estuvo difundiendo información capciosa acerca del Concilio.
El vendaval de esa propaganda fue la segunda coyuntura que dio pie a que los enemigos de la Iglesia se lanzaran a sostener las más peregrinas ideas, invocando " el espíritu del Concilio ". Se dio a entender- aunque sin declararlo específicamente- que todo lo dicho por los Papas, acerca del comunismo, quedaba " en suspenso ", en el Limbo, sin abolirlo ni aplicarlo. El comunismo internacional aprovechó esta segunda coyuntura( posterior al pacto de Metz), y fue ayudado por simpatizantes suyos colocados dentro de la propia Iglesia.
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