[ REVISIÓN GLOBAL DEL CRIMEN FINANCIERO ]
La versatilidad
en el robo de
identidad
El robo de identidad es un delito que lleva muchos
años tipificado en múltiples jurisdicciones. En esencia,
consiste en la utilización sin autorización de la información
personal de un individuo con el propósito de cometer
fraude, entre otros delitos.1 En los años noventa y a principios
del siglo XXI, muchas personas fueron víctimas de las distintas
modalidades de este delito y su vulnerabilidad dependía de la
imaginación de los perpetradores, y de cuánto tiempo pasaba
desde la fecha del robo hasta el momento en el que la víctima
se percataba que había sido estafada. El robo de identidad
es un crimen totalmente dirigido a su víctima, privándola de
fondos, oportunidades, créditos y en los peores casos, de
su libertad económica o física. Aunque suene tan lejano, en
aquella época, los ladrones se concentraban en los descuidos
de las víctimas o de las organizaciones en la protección de
documentos esencialmente físicos, como papeles, contratos,
identificaciones o cualquier escrito con identificadores únicos.
Tirar un papel importante a la basura aún continúa teniendo
consecuencias inesperadas.
La nueva era del crimen
El advenimiento de la era digital trajo nuevos problemas para
los consumidores, para las agencias de ley y orden, así como
también para los gobiernos del mundo. La facilidad de realizar
transacciones sin que la persona esté presente creó la oportunidad
de hacer transacciones de forma remota, evitando la
corroboración más básica que es tener a la persona en frente.
Se abrió un flanco nuevo, la posibilidad de usar información
usualmente privada como lo son nombres, direcciones y
fechas de nacimiento como medidas de corroboración de
que en efecto se está tratando con la persona autorizada
a manejar ciertas cuentas. Sin embargo, esto no ha sido un
impedimento para los criminales. Por años, estafadores e
impostores se han hecho pasar con éxito por otras personas
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[ JULIO–AGOSTO 2020 ]