colchón había sido colocada en el suelo para mayor comodidad del señor Clutter, y
observando otros detalles por el estilo, otras fragmentarias indicaciones de irónica y errática
compasión, el detective había supuesto que, por lo menos, uno de los asesinos no carecía
totalmente de misericordia.
-Le até los pies y luego las manos a los pies. Le pregunté si le apretaba mucho y me dijo
que no, pero me pidió, por favor, que no le hiciera nada a su mujer. No había necesidad de
atarla porque no iba a gritar ni a escaparse de la casa. Me dijo que hacía años y años que
estaba enferma y que empezaba a encontrarse mejor, pero que un susto así podía producirle
una recaída. Ya sé que no es como para reírse pero no pude evitarlo, oyéndole hablar de «una
recaída».
»A continuación bajé al hijo. Primero lo puse en la misma habitación con su padre. Le
até las manos a una tubería que había en el techo. Pero pensé que no era muy seguro. Podía
desatarse y desatar a su padre o viceversa. Por eso corté la cuerda y lo llevé al cuarto de estar
donde había un cómodo diván. Le até los pies a las patas del diván, le até las manos y luego le
pasé un nudo corredizo alrededor del cuello de modo que si se movía se ahorcaba él mismo.
Mientras trabajaba, puse la navaja sobre... bueno, era una cómoda de cedro recién barnizada.
Todo el sótano olía a barniz... y el caso es que me pidió que no pusiera la navaja allí. La
cómoda era un regalo de boda que él había hecho para no sé quién. Para una hermana, creo
que dijo. Cuando me marchaba, tuvo un acceso de tos, así que le puse un cojín debajo de la
cabeza. Entonces apagué la luz.
Dewey dice:
-Pero ¿no les tapaste la boca con cinta adhesiva?
-No. Eso fue después cuando até a las mujeres, cada cual en su habitación. La señora
Clutter seguía llorando y al mismo tiempo preguntaba por Dick. No le gustaba nada pero me
dijo que yo le parecía un joven decente. «Estoy segura de que lo es», dijo y me hizo prometer
que no dejaría que Dick le hiciera daño a nadie. Pienso que lo que tenía en la cabeza era su
hija. Yo también estaba preocupado por eso. Sospechaba que Dick estaba planeando algo que
yo no hubiera tolerado. Cuando acabé de atar a la señora Clutter, me di cuenta de que él se
había llevado a la hija a su habitación. Ella estaba acostada y él, sentado en el borde de la
cama, le hablaba. Lo frené en seco. Le dije que fuera a buscar la caja de caudales mientras yo
la ataba. Cuando se marchó, le até los pies juntos y las manos a la espalda. Entonces la arropé
bien dejándole sólo al descubierto la cabeza. Había una poltrona pequeña junto a la cama, y
me senté a descansar un poco. Mis piernas parecían fuego, con tanto subir, bajar y agacharme.
Le pregunté a Nancy si tenía novio. Dijo que sí, que tenía. Ponía todo su empeño en aparecer
natural y amable. De veras me resultó amable. Era muy bonita. Una muchacha estupenda, que
no se daba aires. Me habló mucho de sí misma. De su colegio y de que iría a la universidad a
estudiar música y arte. De caballos. Dijo que después de bailar, lo que más le gustaba era
galopar. Entonces le dije que mi madre había sido amazon