-Béisbol, rugby. Pertenecía a todos los equipos. Al terminar el bachillerato, podría haber
ido a la universidad gracias a una beca que me ofrecieron para jugar a rugby. Yo quería ser
ingeniero pero, incluso con una beca, eso cuesta mucho. No sé, me pareció más seguro buscar
empleo.
Antes de cumplir veintiún años, Hickock había trabajado como peón de ferrocarril,
como conductor de ambulancia, pintor de coches y mecánico en un garaje. También se había
casado con una muchacha de dieciséis años.
-Carol. Su padre era pastor. Me la tenía jurada. Me decía que yo no servía para nada.
Puso todas las trabas posibles. Pero yo estaba loco por Carol. Todavía lo estoy. Es una
verdadera princesa. Sólo que... sabe, tuvimos tres hijos. Chicos. Y éramos demasiado jóvenes
para tener tres hijos. Quizá si no nos hubiéramos entrampado tanto... Si yo hubiese podido
ganar algo más. Lo intenté.
Intentó jugar, empezó a falsificar cheques y tanteó luego otras formas de robo. En 1958,
convicto y confeso de robo con escalo ante un tribunal del condado de Johnson, fue
sentenciado a cinco años en la Penitenciaría del Estado de Kansas. Para entonces, Carol se
había marchado y él había tomado por esposa a otra muchacha de dieciséis años.
-Pérfida como el diablo. Ella y toda su familia. Se divorció mientras yo estaba dentro.
No es que me queje. El pasado agosto, cuando salí de la jaula, me pareció que tenía muchas
posibilidades de empezar de nuevo. Encontré trabajo en Olathe, vivía con mi familia y las
noches las pasaba en casita. Todo iba de primera...
-Hasta el veinte de noviembre -dijo Nye y Hickock pareció no comprender...-. Día en
que dejó de ir todo de primera y empezaste a pasar papel mojado. ¿Por qué?
Hickock suspiró y dijo:
-Eso daría para escribir un libro. -Luego mientras fumaba un cigarrillo ofrecido por Nye
y encendido por el cortés Church, dijo-: Perry, mi compañero Perry Smith, obtuvo la libertad
bajo palabra en primavera. Después, cuando yo salí me escribió una carta. Con matasellos de
Idaho. Me escribió recordándome lo que solíamos planear juntos. Ir a México. La idea era
largarnos a Acapulco, un sitio de allí, comprar una barca de pesca y ganarnos la vida llevando
turistas a pescar a alta mar.
-Y esa barca -dijo Nye-. ¿Cómo pensabais pagarla?
-A eso voy -dijo Hickock-. ¿Sabe? Perry me escribió diciendo que tenía una hermana en
Fort Scott. Y que ella tenía mucho dinero suyo. Algunos miles de dólares. Dinero que su
padre le debía por la venta de una propiedad, allá en Alaska. Me dijo que pensaba venir a
Kansas a recoger la pasta.
-Y vosotros la usarías para comprar la barca.
-Exacto.
-Pero no salió bien.
-Lo que pasó fue que Perry apareció un mes después. Yo fui a esperarlo a la estación del
autobús, en Kansas City.
-¿Cuándo? -preguntó Church-. ¿Qué día de la semana?
-Un jueves.
-Catorce de noviembre.
Los ojos de Hickock relampaguearon de sorpresa. Era evidente que se preguntaba por
qué Church estaba tan seguro de la fecha. Era demasiado pronto para despertar sospechas así
que el detective se apresuró a preguntar:
-¿A qué hora saliste para Fort Scott?
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