-Por la tarde. Tuvimos que hacerle algunos arreglos a mi coche y luego nos tomamos un
chili en el Café West Side. Sería a eso de las tres.
-A eso de las tres. ¿Os esperaba la hermana de Perry Smith?
-No. Porque, ¿sabe?, Perry había perdido la dirección. Y ella no tenía teléfono.
-¿Y entonces, se puede saber cómo pensabais dar con ella?
-Preguntando en correos.
-¿Lo hicisteis?
-Perry fue a preguntar. Le dijeron que se había mudado a otra parte. Creían que a
Oregón. Pero no había dejado la nueva dirección.
-Vaya chasco os debisteis llevar. Después de haber contado con un montón de dinero
así.
Hickock asintió:
-Porque... bueno, porque habíamos resuelto largarnos a México. Si no, jamás hubiera
firmado aquellos cheques. Pero tenía la esperanza de que... Oiga, voy a decirle la verdad.
Pensaba que una vez en México, en cuanto empezase a ganar dinero, podría pagarlos. Los
cheques.
Nye intervino:
-Un minuto, Dick.
Nye es un hombre bajo, impulsivo, que tiene dificultad para moderar su agresividad, su
tendencia a expresarse en un lenguaje cortante y franco.
-Me gustaría saber algo más del viaje a Fort Scott -dijo conteniéndose-. Al no encontrar
allí la hermana de Smith, ¿qué hicisteis?
-Dar una vuelta. Tomar una cerveza. Volvernos.
-¿Quieres decir que volvisteis a casa?
-No. A Kansas City. Paramos en el drive-in Zesto. Comimos unas hamburguesas. Y
fuimos al Cherry Row.
Ni Church ni Nye sabían qué era Cherry Row.
-¡No me tomen el pelo! -dijo Hickock-. Todos los «polis» de Kansas han estado allí.
Al insistir en que ellos no lo conocían, les explicó que era una zona del parque donde
uno encuentra «sobre todo prostitutas». Y añadió, «también con aficionadas. Enfermeras.
Secretarias. A veces he tenido suerte».
-Y esa noche, ¿hubo suerte?
-Muy mala. Terminamos con un par de tomates.
-¿Que se llamaban?
-Mildred. La otra, la de Perry, Joan, me parece.
-Descríbelas.
-Quizá fueran hermanas. Las dos rubias. Gordas. No lo tengo muy claro. ¿Sabe?
Compramos una botella de Orange Blossom, es decir, vodka y zumo de naranja, y yo estaba
como una cuba. Les hicimos beber un poco a las chicas y luego las llevamos a Fun Haven.
¿Supongo que ustedes no habrán oído hablar nunca de Fun Haven?
No, no habían oído hablar.
Hickock sonrió y se encogió de hombros.
-Está en Blue Ridge Road. A unos doce kilómetros al sur de Kansas City. Es una
combinación de cabaret y motel. Pagas diez dólares y te dan la llave de una cabaña.
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