A SANGRE FRIA | Page 141

-Por la tarde. Tuvimos que hacerle algunos arreglos a mi coche y luego nos tomamos un chili en el Café West Side. Sería a eso de las tres. -A eso de las tres. ¿Os esperaba la hermana de Perry Smith? -No. Porque, ¿sabe?, Perry había perdido la dirección. Y ella no tenía teléfono. -¿Y entonces, se puede saber cómo pensabais dar con ella? -Preguntando en correos. -¿Lo hicisteis? -Perry fue a preguntar. Le dijeron que se había mudado a otra parte. Creían que a Oregón. Pero no había dejado la nueva dirección. -Vaya chasco os debisteis llevar. Después de haber contado con un montón de dinero así. Hickock asintió: -Porque... bueno, porque habíamos resuelto largarnos a México. Si no, jamás hubiera firmado aquellos cheques. Pero tenía la esperanza de que... Oiga, voy a decirle la verdad. Pensaba que una vez en México, en cuanto empezase a ganar dinero, podría pagarlos. Los cheques. Nye intervino: -Un minuto, Dick. Nye es un hombre bajo, impulsivo, que tiene dificultad para moderar su agresividad, su tendencia a expresarse en un lenguaje cortante y franco. -Me gustaría saber algo más del viaje a Fort Scott -dijo conteniéndose-. Al no encontrar allí la hermana de Smith, ¿qué hicisteis? -Dar una vuelta. Tomar una cerveza. Volvernos. -¿Quieres decir que volvisteis a casa? -No. A Kansas City. Paramos en el drive-in Zesto. Comimos unas hamburguesas. Y fuimos al Cherry Row. Ni Church ni Nye sabían qué era Cherry Row. -¡No me tomen el pelo! -dijo Hickock-. Todos los «polis» de Kansas han estado allí. Al insistir en que ellos no lo conocían, les explicó que era una zona del parque donde uno encuentra «sobre todo prostitutas». Y añadió, «también con aficionadas. Enfermeras. Secretarias. A veces he tenido suerte». -Y esa noche, ¿hubo suerte? -Muy mala. Terminamos con un par de tomates. -¿Que se llamaban? -Mildred. La otra, la de Perry, Joan, me parece. -Descríbelas. -Quizá fueran hermanas. Las dos rubias. Gordas. No lo tengo muy claro. ¿Sabe? Compramos una botella de Orange Blossom, es decir, vodka y zumo de naranja, y yo estaba como una cuba. Les hicimos beber un poco a las chicas y luego las llevamos a Fun Haven. ¿Supongo que ustedes no habrán oído hablar nunca de Fun Haven? No, no habían oído hablar. Hickock sonrió y se encogió de hombros. -Está en Blue Ridge Road. A unos doce kilómetros al sur de Kansas City. Es una combinación de cabaret y motel. Pagas diez dólares y te dan la llave de una cabaña. 141