lo menos treinta. Con un kilo de mantequilla por lo menos y un litro de jarabe. Y el chico
tampoco era manco. Patatas fritas y helado, no comió otra cosa, pero desde luego, se hinchó.
No sé si le haría daño.
Durante el festín, Dick, que había consultado un mapa, anunció que Sweetwater estaba
a unos ciento cincuenta kilómetros al oeste de la ruta que él llevaba, la ruta que debía
conducirles atravesando Nuevo México, Arizona y Nevada, hasta Las Vegas. Aunque era
verdad. Perry comprendió que Dick intentaba simplemente deshacerse del chico y el viejo.
El niño comprendió también las intenciones de Dick, pero dijo cortésmente:
-No se preocupe por nosotros. Seguro que paran muchos coches. Alguien nos llevará.
El chico los acompañó hasta el coche, dejando que el viejo devorara a gusto un nuevo
montón de tortitas. Les dio la mano a Dick y a Perry, les deseó un Feliz Año Nuevo y los
saludó con la mano en la oscuridad.
La noche del miércoles 30 de diciembre fue memorable en casa del agente A. A.
Dewey. Su mujer recordándola tiempo después dijo:
-Alvin cantaba en el baño La rosa amarilla de Texas. Los niños miraban la televisión y
yo preparaba la mesa. Para una cena fría. Yo soy de Nueva Orleáns y me encanta guisar y
tener invitados. Mi madre acababa de enviarnos, precisamente, un cajón de aguacates,
habichuelas y... ¡Oh, un montón de cosas orgánicas! Por eso decidí organizar una cena fría,
invitar a algunos amigos, a los Murray, a Cliff y a Dodie Hope. Alvin no quería, pero yo
estaba decidida. ¡Por todos los santos! Aquel caso podía durar eternamente y él no se había
tomado ni un minuto libre desde que empezó. Bueno, pues estaba poniendo la mesa cuando oí
el teléfono y le dije a uno de los niños, a Paul, que contestara. Paul dijo que era para papá y yo
le apunté: «Diles que está en el baño.» Pero Paul no se atrevió a hacerlo porque era el señor
Sandford, que llamaba desde Topeka. El jefe de Alvin. Alvin contestó al teléfono con una
toalla atada a la cintura. ¡Me puso furiosa... dejando charcos de agua por todas partes! Pero
cuando fui por una bayeta, vi algo peor: el gato, el idiota de Pete estaba comiéndose la
ensalada de cangrejo. ¡El relleno de mis aguacates!
»Y entonces súbitamente Alvin me cogió, me abrazó: "Alvin Dewey, ¿te has vuelto
loco?", dije. La alegría es la alegría pero el hombre estaba empapado y me ponía el vestido
perdido. Porque yo me había arreglado ya para recibir a nuestros invitados. Claro que cuando
entendí por qué me abrazaba así, me puse a abrazarle yo también. ¡Imagínese lo que
representaba para Alvin saber que aquellos hombres habían sido detenidos! Allá en Las
Vegas. Me dijo que se iba inmediatamente a Las Vegas. Le pregunté si no sería mejor que
antes se pusiera algo de ropa y Alvin, excitadísimo, me dijo: "Caramba, cariño, siento
estropear tu fiesta." Y