También se voceaban los diarios vespertinos de la Prensa y La Hora .
Sus recuerdos se anclaban en la inocente ciudad de los primeros años de 1900 .
Por la calle de la Orilla , no muy lejos de su casa , el río traería el rumor de sus pequeñas olas quebrándose en la orilla .
La curva de la calle de la Orilla va marcando un camino como un arco de esperanza . Como blancos pañuelos , por el cielo van viajando las nubes . Abajo el viento sacude las copas de los árboles , con sus manos viajeras .
Hacia el oeste , siguiendo el serpenteo del estero Salado , el sol armaba una fiesta de rojo y de naranja sobre los cerros cercanos de la ciudad de casas de madera y caña . Como si en la quietud de las cosas , se alzara un canto enorme y tranquilo .
El río también traía su contribución a la medicina popular . Aun bien entrada la República , se sostenía que la zarzaparrilla , que arrastra el río Guayas entre sus lechuguinos , podía curar las enfermedades venéreas .
Era saludable bañarse en las orillas del Guayas . Recordaba , a los recién casados se les recomendaba tomar diariamente chocolate . Desde la época colonial existía la creencia de que el chocolate , era un excelente afrodisiaco . Nunca ha sido probada tal cosa , pero lo que si es cierto es que las ventas crecieron y los mercados se dispararon , ya que , tanto sano como enfermo de toda edad , lo tomaban por las dudas …
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