65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Página 299

Por supuesto en su casa no había televisión y alguno que otro sábado podía ver desde el portal , entre las rejas de la única casa de cemento que había en su barrio , los programas de la abuelita Ángela .
Este despertar musical venía acompañado por las guitarras eléctricas que el mundo escuchaba por primera vez . Por supuesto que la percusión de la batería marcaba toda una revolución en la concepción de hacer música . En los pequeños transistores personales que eran el lejanísimo antecedente del celular se escuchaban los hermosos compases de yesterday , I love you .
En América del sur surgía también la nueva trova que tendría como exponentes al grupo uruguayo Los Iracundos , que marcaba el romanticismo de las quinceañeras enamoradas con temas tales como puerto Mont , y la lluvia que cae , que se convertía casi en un himno de toda la agitación estudiantil que recorría el continente .
Y surgían también un grupo valiosísimo de cantautores , como Violeta Parra , Mercedes Sosa , Alberto Cortez , Palito Ortega , Leonardo Fabio , entre otros .
Desde México brillaba con luz propia el entonces joven maestro Armando Manzanero .
En la América del sur a excepción de Uruguay y Chile , el resto de países estaban gobernados por dictaduras de distinto tipo . Y a pesar de eso , Pablo Neruda afirmaba en su Canto General , que todo era vuelo y esperanza en nuestra América .
En Guayaquil , Julio Jaramillo reivindicaba muchos poe-
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