Trabajaba de oficial en construcción y de noche estudiaba en un colegio nocturno . Las seis de la tarde lo sorprendían todavía sacándose el cemento pegado en su pelo , y arreglando su pequeña maleta para ir al colegio , situado en la esquina de Chimborazo y 10 de Agosto . El horario era de 7 a 11 de la noche .
Fueron varias las noches en que se durmió en alguna clase de cansancio , excepto en las tres materias que en verdad la fascinaban , las matemáticas , la literatura y la historia . A veces soñaba con ser arquitecto y a veces con ser abogado … o escritor .
A la salida , la caminata entre compañeros paraba inevitablemente en la rotonda , hablando de política o de la metamorfosis de Kafka , y así se prolongaba fácilmente hasta la una de la mañana en que cogía el colectivo de la 11 que lo llevaría hasta el Cristo del Consuelo .
Sentado frente al río , en el asiento circular que quedaba detrás del monumento de los Libertadores , le gustaba ver los reflejos de la luna llena sobre el río , marcando un camino de plata entre las suaves ondas del agua y las barcas que se mecían en la orilla .
Y escribía y escribía … A veces en sus poemas evocaba la novia guapa que quiso besar pero que nuca abrió sus labios como se abre una flor , y entre cortejo y poemas se iban pasando los días . En el Guayaquil de los sesenta , la televisión era incipiente y en blanco y negro . Existía un solo canal , el cuatro , que funcionaba en el sexto piso de la Casa de la Cultura . La radio mantenía todo su apogeo y algunas emisoras traían como la última novedad , la música de los Beatles .
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