65LA CIUDAD DE LAS CASAS DE MADERA_1 | Page 266

grandes rocas en el futuro barrio de las Peñas . La brisa gemía entre los guayacanes florecidos y el limonero germinado .
Cuántas veces trazó su bella silueta delgada , la luna plateada , al caminar por la calle de la Orilla . ¡ Cuántas veces ! Tenía los ojos azules , los labios hermosos y la piel color del alabastro , según cuenta , el historiador peruano Ricardo Palma , quien la conoció en Lima .
Hacia el sur , la iglesia del astillero con su aguda aguja hacia el cielo se iba envolviendo entre las sombras … San Alejo era entonces de madera .
La iglesia estaba sola , completamente sola y sumergida en un silencio profundo .
Cuántas veces vio temblar entre sus vidrios el fulgor de las velas .
Su belleza impresionó a un español cacaotero , muy rico , y bastante mayor quien la llevo como su consorte a Lima . Allí en la Capital Virreinal rodeada de lujos y esplendor entró en contacto no sólo con la élite social , sino también con los grupos afines a la independencia .
Su alta posición le permitió socorrer a perseguidos y liberar algunos prisioneros políticos . Su relación conyugal se deshizo rápidamente , y pudo dedicarse a la causa de la independencia .
Estaba convencida de que la libertad comienza por tener una vida elegida por nosotros mismos … Percibía claramente que es la verdad lo que trae la liber-
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