2 Generaciones Número 8 | Page 34

34

SOFÍA GARCIA MÉXICO

Durante mi niñez, tuve que lidiar con eventos inverosímiles que me llevaron a buscar la compañía de mis familiares, pues quedaba impactada y muerta de miedo cuando al fin podía reaccionar. Muchos fueron los momentos en que rezaba, pedía, suplicaba, hasta que decidí aprender que en lugar de espantarme debería estudiar e investigar por qué sucedían tales cosas.

Les contaré: Hay personas que podemos ver situaciones que van a suceder; otras más las soñamos; hay quienes escuchan a seres invisibles, etcétera. Pues yo soy un caso más o menos de esos.

Tenía cinco añitos de edad cuando, estando en mi recámara por la noche, se me ocurrió salir al patio de la casa. Aclaro que donde vivíamos era una casona de provincia en donde las habitaciones rodeaban lo que era el jardín, en el cual se encontraban dos nogales (árboles que dan nueces), arbustos con moras, guayabos y algunos otros. Era el 31 de octubre y esa noche, para celebrar el día de los fieles difuntos se acostumbra hacer tamales, mole, y todo aquello que se pondrá en la ofrenda de Todos Santos. Pues a mí me permitieron compartir la cocina e hice mis tamalitos, motivo por el cual no me fui a dormir hasta que no se cocieron, pues quería probar que tan exquisitos habían quedado.

Al cruzar la entrada de mi cuarto, vi en el piso un muñeco vestido de charro, como de 20 centímetros, y me incliné a levantarlo cuando, de repente, ¡se convierte en una persona muy alta! En ese momento comencé a gritar del susto, y en seguida se volvió a hacer pequeñito; volví a intentar levantarlo y se repitió la misma situación. Mentiría si dijera que no me espanté, ¡claro que me espanté!, y los gritos que salían de mi garganta hicieron que toda la familia corriera hacia donde estaba yo, buscando el motivo de mis angustia y terror, pues aunque cerraba los ojos seguía viendo lo mismo: ¡el hombre grande vestido de charro! y además, ¡su vestimenta era negra con botonadura plateada!

Ésta fue una de las primeras experiencias que recuerdo, y aun no entiendo por qué a mi corta edad me pasaba esto.

Comento lo anterior para que se den una idea de lo que ahora les voy a narrar. Cierto día estando con mi esposo, y mis hijos aún pequeños, nos dispusimos a dormir, y en seguida empecé a soñar que llegaban unas personas y nos decían: “Buenas tardes, venimos a dejarles este féretro con la persona fallecida para que lo cuiden “, y se retiraron, dejándonos el compromiso de tal encomienda.

Al día siguiente, le comenté a mi esposo el sueño pero no le dio importancia. Transcurrió el día, y por la tarde, me llamó por teléfono y me dijo: Se murió el Sr. Marruecos, gran amigo mío y de gran estima. Vamos a ir a su domicilio pues se va a velar en su casa (en México se acostumbra que cuando fallece una persona se amortaja y se le acompaña durante la noche).

¡AY NANITA!