Teatro inteligente, profesional y espectacularmente montado, desarrolla los mejores rasgos del niño, no los peores.
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Las obres históricas escritas especialmente para teatro infantil, adolecen siempre de una simplificación de los hechos que termina por asemejarlas excesivamente a la mentira. Al hacer a los héroes monocrómicamente buenos, se les convierte en una especie de los Enmascarado de Plata de la Historia. La complejidad de las situaciones se ofrece en una sola línea, los factores discutibles se dan, dogmáticamente, como resueltos y juzgados, en beneficio de la versión más halagüeña para el orgullo nacional. Todo esto termina por hacer pésima la lección de Historia, pero nos da también muy mal Civismos, pésima Psicología, y, muy gravemente, mal teatro: aburrimiento pomposo que matara en los niños el gusto por el drama.
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El lenguaje del Teatro no es el diálogo, sino la acción, esto es, la trama, el dibujo que las acciones forman, el ordenamiento de las ocurrencias que veremos en el foro. Lo que hablan los personajes es hasta cierto punto, secundario. Al hablar de un lenguaje teatral adecuado para niños, debemos pensar en ese entramado, si las acciones son claras y directas, no importa que las palabras sean ricas y complejas. Por ejemplo La dama Duende resulta un espectáculo apto y divertido para niños mayores y adolescente: la complejidad del diálogo es aclarada para el uso, las acciones son incesantemente divertidas y, a fin de cuentas, subliminalmente( y también conscientemente) los niños disfrutan los bellos versos de Calderón de la Barca.
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No debe haber temor en dar a los niños obras con rico y elevado lenguaje. Pero lo mismo es válido para las obras ricas en ideas, en fondo. Obras como El Pájaro Azul de Maeterlink, o El Viaje de Pedro el Afortunado, de Strindberg, se expresan esencialmente a través de acciones e imágenes. Los serios pensamientos que llegan a formular, la visión profunda de la realidad, de la cual brotaron y a la cual sirven expresándola, se trasmiten a través de los elementos no verbales. Si el niño no capta racionalmente, si lo hace emotivamente, subliminalmente, y quizá de la forma más adecuada que el adulto.´ Varias comedias de Shakespeare, las de fantasía y viajes en especial, son también más adecuadas y, como las antes mencionadas, debieran reponerse periódicamente para públicas infantiles …
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No debe confundirse la sencillez del trazo con la insipidez. El niño suele ser, imaginativamente, más rico y complejo que el adulto. No es posible dar reglas sobre si convenga más ofrecerle obras complejas o sencillas; si el lenguaje teatral es válido, ambas cosas son igualmente aconsejables. Así, digamos, Las Aceitunas de Lope de Rueda, porque lo sencillo del trazo está ricamente bordado de observaciones también sencillas y ciertas, pero acumulativas; las tramas de Calderón y Lope, porque su complejidad
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