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… La pobreza de ideas, simplificación excesiva, depuración de lo rico, variado o complejo, a nombre de que el teatro es infantil, nos da algo equivalente a la actitud que tiene un padre que balbucea para coincidir con sus hijos( Ej.“ Abel papachito, leme usté esas cochitas) un espectáculo para niños que parezca tonto a los adultos, será realmente, un espectáculo tonto, no infantil.
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A nuestros niños, se les hace oír en el teatro ciertas muletillas que ya están huecas, pues perdieron la razón de ser que alguna vez las creó. Digamos, lo de“ colorín, colorado” y gracejadas así, que alguna vez fueron usadas por narradores para rematar con un discutible dístico su prosa épica. Dirigirse directamente al público infantil es un recurso para despertar su participación: jamás se logra si el narrador usa recursos que ya no le oímos a ninguna abuela, ni a personas viva normal. Si el narrador usa recursos caducos de prosa épica( y no de drama) aleja la participación en vez de obtenerla. En plan de recurso consagrado, el equivalente sería pedir el aplauso de los espectadores, como en los finales renacentistas.( Y como en los programas de televisión actuales.) No parece buena idea fomentar la pasividad y condescendencia del niño, ni que sea manejado por un locutor hacia tal o cual reacción: si en el Renacimiento el público era demasiado activo y no prestaba todo su aprecio a los actores, el público actual es en exceso pasivo, aplaude todo, se entrega en demasía y sin discriminación.
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La ley del teatro, es que el público dude de lo que le decimos. Una obra en la que todos los personajes dicen que una mujer es honesta y pura, nos pone a esperar golosamente el momento en que portará del modo opuesto. Las obras que nos proporcionen una figura heroica sin matices, pueden fácilmente hacer que el público infantil la odie, o que ame a la figura contraria.
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En alguna obra infantil, los maestros objetaban la presencia agresiva de malvadas ratas multicolores, porque espantarían a las criaturas: y las espantaban en efecto. También objetaban alguna escena en que un gato iba a ser torturado, cortándole los bigotes: decían que los niños sufrirían. Y sufrían horriblemente, aunque luego el gato se salvara. Uno de los fines universales del teatro ha sido, siempre despertar emociones, hacer sufrir terrores y compasiones y muchos otros sentimientos al espectador. Los niños no deben ser protegidos de la compasión en el teatro, aunque se les dé la del melodrama y no la de la tragedia, que no se inventó para ellos.
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Cuando el teatro comercial condesciende con las peores características del espectador medio, dicen los empresarios:“ Así es nuestro público, eso desea que le demos”. También hay un teatro comercial para niños que coincide con los rasgos menos estimables de la naturaleza infantil, y quienes lo hacen dicen:“ Así es el niño, eso les gusta”.
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