Para Recuperar
La Memoria
Apostillas a un Tomo de Teatro Infantil
Emilio Carballido
Texto a modo de introducción publicado en el Libro El Arca de Noe – antología – de Emilio Carballido, octava edición, publicado por la editorial Editores Mexicanos Unidos en febrero de 1987
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Quienes discuten arduamente la función del teatro infantil, parecen en realidad preguntarse cuál es la función del teatro. En un país como el nuestro, donde se fomenta y auspicia y tan enfáticamente el teatro para niños, tal vez sea conveniente recordar cosas sabidas cosas como que el teatro si tiene sus funciones propias trascendentes, y de utilidad social muy clara y sentido.
Espejo de costumbres se le ha llamado. Y al ver reflejadas las costumbres de los humanos( aunque sea disfrazados de animales), el sentido moral del espectador niño entra en funciones, como entra su raciocinio en ejercicio.
El teatro, como todo el arte, al ofrecernos una visión limitada del universo, nos está ayudando ya a enfocar y enfrentar la realidad, que es infinita y como tal se escapa a nuestra percepción y a nuestra inteligencia; la forma misma es, por esto, una finalidad y una utilidad social y una razón de ser.
Espejo también de los sueños colectivos, del inconsciente colectivo, el teatro nos brinda no un escape( de la realidad no hay escape) sino una realización concreta de fantasías, deseos, una forma de plasmar ideales morales y estéticos.
La necesidad de hacernos uno dentro de un grupo, la necesidad de convertirnos en otro, o sea, la necesidad de trascendernos, tanto por asimilarnos a un espectáculo por compartirlo con los demás espectadores: la necesidad de sentir intensamente, de reír, sufrir, poner en juego nuestras emociones; la necesidad de ejercitar nuestra fantasía; la necesidad de formar parte de un rito colectivo: el teatro las satisface.
También, a menudo, nos enseña algo concreto: ideas, nociones, teorías; también lo didacto es función del teatro, pero no lo más profunda, ni la más esencial, ni la más trascendentes. Educativo es, pues es educación cuanto enumeramos antes, y profunda.
Pero el teatro para niños, concebido como extensión del salón de clases, resulta muy inferior a éste.
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