06 En la Ruta del Titiritero enero-marzo 2015 | Page 50

El maestro al poner en práctica distintas metodologías creativas de enseñanza, logra romper las barreras del aprendizaje conductista, haciendo posible metamorfosear las condiciones de un salón de clase silencioso, caracterizado por la presencia omnipresente del educador con su discurso monotemático. Antes de continuar, es importante aclarar, que en ningún momento es nuestro propósito, dar pautas acerca de lo que debería o no ser un buen educador. Creemos y abogamos por la presencia de un docente con espíritu creativo, que impulse el conocimiento humanista, a través de la implementación de estrategias educativas que vinculen las distintas expresiones artísticas. De esta manera se logra cultivar y fomentar uno de los principios básicos de la educación, como lo es, la formación integral del individuo, que se conecta con su entorno y contribuye a través de su trabajo con las soluciones efectivas y cónsonas de su realidad inmediata. La imagen teatral que se construye alrededor del títere, despierta en el estudiantado un sentido sensorial que no conoce fronteras. La gestualidad, el movimiento y la palabra corporal del muñeco, cedida por el (la) titiritero(a), vencen las adversidades, conquista los espacios y siembra valores de conciencia para la vida. El titiritero, poeta y pintor boliviano, Luis Luksic (1911-1988), mejor conocido en el mundo del teatro de títeres como LUCHO, resume esta cualidad de los títeres en las siguientes líneas: “Los títeres son un modo de expresar la poesía de un país, de un continente y del mundo” (Luksic, 2008, 220) No conforme con ello, la triada educador-títere-alumno-, hace posible una interacción constante, donde predomina una comunicación directa, coherente y fluida, mediante la interpretación en los distintos planos de acción dramática, apoyada en la palabra que construye, destruye y reconstruye historias a partir del juego onírico del niño y la niña.. Por tanto, la habilidad del buen docente-titiritero, es investigar acerca del cómo emplear con gracia y sapiencia, las bondades de un aliado animado que por su naturaleza estética, es insustituible en corazón y alma. Sirva entonces la siguiente concreción: “La relación del niño con el títere es una situación que no se puede describir solamente con palabras, pues la catarsis que ocurre da paso a seguir alimentando eso tan olvidado en nosotros los adultos… la capacidad de fantasear…” (Rodríguez, 2003, 44) La interacción que surge durante una representación del teatro de títeres, en cualquier comunidad o barriada, permite abrir espacios amplios de discusión, permitiendo fortalecer en tiempo y espacio los nexos y las bases comunales y de convivencia presentes. Transformando socialmente al colectivo y su entorno en