06 En la Ruta del Titiritero enero-marzo 2015 | Página 30
EL QUE HACE SALIR A LOS DIOSES
1. El que hace salir o saltar a los dioses es una
especie de saltimbanqui.
Entraba a la casa de los reyes; se paraba en el patio.
Sacudía su morral, lo remecía
y llamaba a los que estaban en él.
2. Van saliendo unos como niñitos.
Unos son mujeres: muy bueno es su atavío de
mujer;
su faldellín, su camisa.
De igual manera los varones están bien ataviados:
su braguero, su capa, su collar de piedras finas.
3. Bailan, cantan, representan lo que determina su
corazón de él.
Cuando lo han hecho, entonces remueve el morral
otra vez:
Luego van entrando, se colocan dentro del morral.
Por esto daban gratificaciones al que se llama
' el que hace salir, saltar o representar a los
dioses '. (GARIBAY apud JARA, 1985: 43-47)
Aquí se nos muestra a un “saltimbanqui” que, parado en el
patio de los reyes, hace salir de su morral a unos niñitos muy
bien ataviados, a quienes hace cantar y bailar, según como lo
“determina su corazón”, y por ello le daban gratificaciones. ¿No
es todo esto la descripción del titiritero que encontramos, con
algunas variantes, no sólo en la Mesoamérica actual, sino en el
mismo medioevo europeo? Para nosotros sí que lo es.
No encontramos a personajes así únicamente en la cultura
nahua, sino también en la cultura maya, a varios centenares de
kilómetros –y de años- de distancia. En Bilbao, Guatemala, se ha
descubierto un monumento esculpido en piedra que muestra
claramente la efigie de un titiritero maya; así, en un monolito de
más de tres metros de diámetro, conocido como el Monumento
21 de Bilbao, se destaca de entre varias figuras la de un hombre
ataviado con un gran tocado, de sencillo taparrabo y extraño
collar, y con lo que pareciera ser una piedra puntiaguda
saliéndole de la boca. Este personaje lleva en su mano derecha
un muñeco de guante, al que está manipulando
9) Detalle del Titiritero de Bilbao (Santa Lucía
Cotzumalhuapa), Guatemala.
Este títere de guante maya –sumamente parecido a los actuales
muñecos guiñol- está ataviado con un amplio vestido con
adornos en la parte inferior, tiene los brazos abiertos,
distinguiéndose claramente
los dedos de las manos; su cara –de perfil- está serenamente
delineada, y porta un sencillo tocado, además de un collar,
pulseras y orejeras