06 En la Ruta del Titiritero enero-marzo 2015 | Page 31

En la otra mano lleva una figura, del mismo tamaño que la anterior, en forma de ave con las alas abiertas, que se diría quisiera expresar cierto movimiento. La escena está enmarcada por otros pájaros, además de una persona en posición sedente y de algunos extraños objetos con rasgos antropológi cos. En la parte central del monumento está representada una figura humana que casi duplica de tamaño a la que hemos descrito. Este descubrimiento, hecho hace pocos años y difundido en México por Carlos Navarrete, es de suma importancia para la historia de los títeres de Mesoamérica y de América en general. El mismo autor (NAVARRETE, 1984) nos da a conocer una estela esculpida en Chinkultic, Chiapas, por el año 800 d.C., que muestra a un personaje de pie, elegantemente ataviado, que parece llevar colgado de su antebrazo derecho un muñeco – entre humano y animal- del que brotan dos “grifos de la palabra” (1984: p. 58), tal como si estuviera hablando; a escasos centímetros de él está representado un personaje de rasgos mayas que mira absorto al muñeco. Por estas características, y por otras que se analizan en la actualidad, se piensa que estamos frente a la representación de una escena de títeres, o bien, de ventriloquia. En fin, estas figuras tienen aún mucho por revelarnos. Sabemos que existen otros numerosos hallazgos en las zonas arqueológicas de la región, que conjuntamente con los códices y las crónicas, siguen dando referencias de que los títeres –y algunos de sus sucedáneos- ya participaban en las ceremonias mesoamericanas anteriores a la conquista española. Las culturas que conquistan y que dominan generalmente han tratado de destruir todos los vestigios culturales trascendentes de los dominados; así pasó con las culturas de entonces. Sin embargo, se han podido salvar objetos, se han podido recuperar documentos y actitudes que le dan a la región mesoamericana su carácter de individualidad histórica y social, que la definen en su totalidad como una cultura de hondas raíces en el tiempo. Nosotros, cobijados bajo este pensamiento, hemos tratado de rescatar y difundir una parte del pasado de un oficio ancestral: el oficio titiritero; hemos pretendido también interesar a los lectores en el conocimiento, defensa y continuidad de esta riqueza cultural, fuertemente arraigada en las tierras y en los pueblos mesoamericanos; y hemos deseado, por último, motivar al lector –por lo menos a uno- a continuar con esta tradición y llegar a ser, por qué no, ¡un titiritero! Pues ¿Quién no quiere llegar a ser por lo menos un momento “el que hace salir, saltar o representar a los dioses”? O ¿quién no quiere llegar a tener, por lo menos un instante, a los dioses en la mano? 10) Estela maya, muestra un muñeco de pulsera (Chinkultic, México).