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Todo es cuestión de responsabilidad y buen criterio.” Dijo serio y con voz gruesa y fuerte.

Luego, acercándose a mí en forma directa, me miró a los ojos fijamente, así pude contemplar su figura jovial, varonil, heroica, excelente padre, buen consejero, altruista, de grandes ideales a quién debemos admirar e imitar.

Fue en ese momento que me sentí muy chiquita ante tal imponente figura. Tomó mi mano, la alzó y me tomó el juramento, diciéndome “tu mi misión será transmitir mi mensaje a toda la ciudad”

Sin dudarlo, acepté y me sentí orgullosa de ser la emisora de su mensaje, cuando estaba a punto de partir a cumplir mi misión montada en un hermoso caballo negro, regalo del mismísimo General San Martín, sentí un sacudón en mi brazo derecho, sobresaltada giré la cabeza y ví a mi mamá parada a mi lado con la bandeja del desayuno en sus manos, era la hora de levantarme.

Fue uno de los mejores sueños que he tenido, no olvidemos nunca los valores que el General San Martín nos legó, su amor y lealtad hacia la Patria, el respeto al prójimo, la verdad, la justicia y la honestidad ideales que engrandecen a todos los seres humanos.