navaja y dijo: “dame el celular” con la
voz de una persona de barrio bajo.
¿Cómo
pensé en todo eso en
aquella situación? La misma adrena-
lina me impulsó a hacer lo que creí
tar mis audífonos. Tuve un instante correcto y, en efecto, funcionó. No
de lucidez, una idea que agradezco había perdido el móvil, pero sí mis
haber pensado. Mi celular tenía una audífonos, los cuales me habían cos-
funda que era bastante gruesa y me tado veinte pesos y los había com-
atrevería a decir que era más pesada prado en el mismo metro citadino.
que el aparato.
Cuando llegué a la salida decidí
Saqué rápidamente mi teléfono que era mejor tomar un taxi, así que
de la funda y le entregué el señuelo salí y llamé a uno que amablemen-
boca abajo. Una vez que se lo di, co- te me llevó a mi destino. Normal-
rrí como nunca lo había hecho, pero mente, cuando alguien te dice que
no al vagón de mi conexión, sino ha- la escuches y que le hagas caso es
cia la salida. Así llegaría con el poli- porque de verdad necesitas hacerlo,
cía que normalmente se encuentra de lo contrario podría pasar un trago
viendo que nadie pase sin pagar. amargo y una mala experiencia.
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No me quedó más que desconec-