lado, no puede caminar, por favor no Recuerdo cómo un señor de piel os-
le hagan nada”, a lo que ellos respon- cura, calvo, vestido con ropa sucia,
dieron de manera afirmativa. Sentí rota, nos apuntó con un revólver, y
calma unos segundos. dijo: “¿Dónde están los dólares? No
Mientras iba caminando no escu- tengo miedo de hacerle daño a al-
chaba nada, experimentaba una guna de ustedes”. Lo único que mi
abrumadora soledad y la desespera- hermana logró responderle lastimo-
ción me acechaba; sin entender qué samente fue que ninguna de las que
estaba sucediendo, seguí subiendo estábamos ahí sabía dónde guarda-
las escaleras y llegué al último piso, ban el dinero mis papás y que pron-
donde percibí una voz conocida pre- to llegarían mi madre y mi tía.
guntando por mí. Llegué al baño más Desconozco cuánto tiempo pasó.
recóndito de la casa y cuando logré Para mí fue una eternidad. A la dis-
observar entre las lágrimas que me tancia escuchamos que se abría el
brotaban me di cuenta que estaba portón de la casa y se estacionaba
rodeada de rostros familiares. un coche. En ese momento los la-
drones desaparecieron de nuestra
primas junto a su hermano de seis vista y la angustia prevaleció en ese
años y las dos señoras que limpiaban pequeño baño. No sabíamos quién
la casa, una de ellas tenía 15 años y era ni qué le harían. Oímos una voz
cargaba en sus brazos a su hija de de mujer que expresaba constante-
dos. Al estar junto a mis hermanas mente la frase: “No me hagan nada”,
sentí una pequeña calma, pero sabía y en ese instante supimos que era
que la pesadilla no había terminado. mi tía quien había llegado. A los po-
Estaba en lo correcto, las horas si- cos minutos ya estaba con nosotras,
guientes fueron un infierno. agarrada de los dos brazos por uno
En cuestión de segundos logré con-
cluir que eran cuatro los asaltantes.
de los asaltantes y con otro apuntán-
dole a la cabeza con el revólver.
Uno de ellos nos estaba “cuidando”, Cuando el ambiente “se calmó”, mi
dos se encontraban en el piso don- tía les ofreció darles lo poco que sa-
de nosotras éramos resguardadas y bía que había en la casa y ellos acep-
el último estaba en nuestros cuartos. taron. Al regresar, nos amenazaron
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Ahí estaban mis dos hermanas, dos