Zaguán Literario 07 Zaguán Literario 07 | Page 53

lado, no puede caminar, por favor no Recuerdo cómo un señor de piel os- le hagan nada”, a lo que ellos respon- cura, calvo, vestido con ropa sucia, dieron de manera afirmativa. Sentí rota, nos apuntó con un revólver, y calma unos segundos. dijo: “¿Dónde están los dólares? No Mientras iba caminando no escu- tengo miedo de hacerle daño a al- chaba nada, experimentaba una guna de ustedes”. Lo único que mi abrumadora soledad y la desespera- hermana logró responderle lastimo- ción me acechaba; sin entender qué samente fue que ninguna de las que estaba sucediendo, seguí subiendo estábamos ahí sabía dónde guarda- las escaleras y llegué al último piso, ban el dinero mis papás y que pron- donde percibí una voz conocida pre- to llegarían mi madre y mi tía. guntando por mí. Llegué al baño más Desconozco cuánto tiempo pasó. recóndito de la casa y cuando logré Para mí fue una eternidad. A la dis- observar entre las lágrimas que me tancia escuchamos que se abría el brotaban me di cuenta que estaba portón de la casa y se estacionaba rodeada de rostros familiares. un coche. En ese momento los la- drones desaparecieron de nuestra primas junto a su hermano de seis vista y la angustia prevaleció en ese años y las dos señoras que limpiaban pequeño baño. No sabíamos quién la casa, una de ellas tenía 15 años y era ni qué le harían. Oímos una voz cargaba en sus brazos a su hija de de mujer que expresaba constante- dos. Al estar junto a mis hermanas mente la frase: “No me hagan nada”, sentí una pequeña calma, pero sabía y en ese instante supimos que era que la pesadilla no había terminado. mi tía quien había llegado. A los po- Estaba en lo correcto, las horas si- cos minutos ya estaba con nosotras, guientes fueron un infierno. agarrada de los dos brazos por uno En cuestión de segundos logré con- cluir que eran cuatro los asaltantes. de los asaltantes y con otro apuntán- dole a la cabeza con el revólver. Uno de ellos nos estaba “cuidando”, Cuando el ambiente “se calmó”, mi dos se encontraban en el piso don- tía les ofreció darles lo poco que sa- de nosotras éramos resguardadas y bía que había en la casa y ellos acep- el último estaba en nuestros cuartos. taron. Al regresar, nos amenazaron 52 Ahí estaban mis dos hermanas, dos