Zaguán Literario 07 Zaguán Literario 07 | Page 31

la nada, como si ésta fuera un gran jefe entró e interrumpió su jornada. amigo, comenzó la conversación con —Compañero, ¿estas ahí? —pre- timidez, sin embargo, se hizo fluida guntó acomodándose el saco y la con el paso del tiempo. corbata cuidadosamente. —¡Silencio! —Ernesto tocó sus sienes nesto le platicaba a su esposa sobre mirando al piso—. Estoy teniendo su “amigo” del trabajo, al que incluso una conversación con ellos, ¿no te le había inventado una vida. Una ma- das cuenta? ¡Ya! ¡Los espantaste! ¡No ñana al despertarse ya ansiaba plati- se vayan, mis amigos! —sus pupilas car con aquel “amigo”. Con el paso de estaban dilatadas y su mirada era la los días Ernesto empezó a creer que de un loco. aquella persona era real, juraba que a —Yo sé a dónde se fueron, com- veces sentía la respiración de alguien pañero. Ven, te enseño —el jefe más en aquel cuarto. tomó el brazo de Ernesto y lo sacó Los ingresos de Ernesto claramen- del cuarto. Un grupo de personas lo te crecieron al igual que su ambición. extrajeron de aquel lugar y lo mon- Cada vez pedía más horas extra en taron en una camioneta sin venta- ese cuarto, no se preocupaba, pues nas haciéndole creer que seguía en tenía “amigos” con quien platicar aquel cuarto. Afuera de las oficinas adentro. Así pasó un año. Un día su más de una docena de camionetas abandonaba el edificio corporativo, todas iban rumbo a un único destino imposible de rastrear. El hombre regresó sin preocupa- ción alguna a su oficina, tomó el te- léfono para llamar a su asistente. Al abrir la puerta, la joven le preguntó qué se le ofrecía. —Vuelve a poner el anuncio en el periódico, otra vez tenemos demasi- adas vacantes. 30 Llegó un momento en el cual Er-