Puso música electrónica. Los beats los sentía en el clítoris. Era la ansiedad, la tensión, la expectativa de la primera vez.
Encendió un porro, tomó otro shot de Jaggermeister. Fumé con él. Puerta de entrada a otro nivel de sensibilidad. Todo más brillante, mi piel más susceptible a todo.
Justo ahí, su boca en mi cuello. Las mordidas más sexys que jamás había sentido. Y luego su lengua en mi boca. Sus manos en mi espalda. Su energía alrededor mio. Atómico comienzo.
El viento en el balcón me despeinaba mientras me desvestía con los pensamientos. Sin sacarme la ropa. Sentado. Yo parada. Mordiendo la piel alrededor de mi ombligo. Lento, luego fuerte, profun-
bo a otro bar. Nosotros camino al sexto piso.
Puso música electrónica. Los beats los sentía en el clítoris. Era la ansiedad, la tensión, la expectativa de la primera vez.
Encendió un porro, tomó otro shot de Jaggermeister. Fumé con él. Puerta de entrada a otro nivel de sensibilidad. Todo más brillante, mi piel más susceptible a todo.
Justo ahí, su boca en mi cuello. Las mordidas más sexys que jamás había sentido. Y luego su lengua en mi boca. Sus manos en mi espalda. Su energía alrededor mio. Atómico comienzo.
El viento en el balcón me despeinaba mientras me desvestía con los pensamientos. Sin sacarme la ropa. Sentado. Yo parada. Mordiendo la piel alrededor de mi ombligo. Lento, luego fuerte, profun-