La envié al grupo de nuestros amigos en común. Una de ellas me dice que venía a encontrarse conmigo. Tenía tiempo antes de que llegara y no parecía mala idea.
Bajé al bar del hotel. Sonaba jazz. Pedí una margarita y unas bruschetas. Llegó mi amiga. Pidió una cerveza italiana. Explotamos en anécdotas íntimas y risas. El ambiente se llenaba de adrenalina.
El alcohol nos desinhibió. El llegó justo. Nos tomó una foto donde se sentía piel. La subí a Instagram. Se ratoneaba la red mientras nuestra noche apenas comenzaba. De todas formas mis planes eran más heterosexuales.
Después de unas horas, una docena de tragos, dos amigas más y una copa rota, el bar cerró. Las chicas siguieron rum-
La envié al grupo de nuestros amigos en común. Una de ellas me dice que venía a encontrarse conmigo. Tenía tiempo antes de que llegara y no parecía mala idea.
Bajé al bar del hotel. Sonaba jazz. Pedí una margarita y unas bruschetas. Llegó mi amiga. Pidió una cerveza italiana. Explotamos en anécdotas íntimas y risas. El ambiente se llenaba de adrenalina.
El alcohol nos desinhibió. El llegó justo. Nos tomó una foto donde se sentía piel. La subí a Instagram. Se ratoneaba la red mientras nuestra noche apenas comenzaba. De todas formas mis planes eran más heterosexuales.
Después de unas horas, una docena de tragos, dos amigas más y una copa rota, el bar cerró. Las chicas siguieron rum-