Virgilio Piñera al borde de la ficción (La Habana: Editorial UH / Letras Cubanas, 2015) | Page 59

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de Ubú rey. Sin embargo, el público no protesta porque « cochino » o « cochina » es un adjetivo aceptado; verdad que un poco duro, pero, con todo, inofensivo. Sobre esta imposibilidad por parte del público de « tragar » ciertas palabras y ciertas situaciones, Jarry, en un artículo famoso titulado « De la inutilidad del teatro en el teatro »(. Mercure de France, 1896), puso los puntos sobre las íes:
Creo definitivamente zanjada la cuestión de si el teatro debe adaptarse al vulgo o el vulgo al teatro. Aquel, antiguamente, solo pudo comprender( o aparentar comprender) a los trágicos y cómicos porque las fábulas de estos eran universales y se las volvía a explicar cuatro veces en un drama, siendo muy frecuentemente anticipados por un personaje prologa! Tal como hoy va a la Comedia Francesa para escuchar Molière y Racine, porque son continuamente representados. Es por otra parte seguro que su sustancia se le escapa. Como no se ha adquirido aún en el teatro el derecho a expulsar violentamente a quien no comprende y a evacuar la sala en cada entreacto antes de las roturas y los gritos, podemos contentarnos con la verdad demostrada de que nos batiremos en la sala( si nos batimos) por una obra de vulgarización( por consiguiente, nada original), anterior a la original accesible, que se beneficiará, al menos el primer día, con un público atontado y, por lo tanto, mudo. Y el primer día vienen los que saben comprender. 16
¿ Qué se desprende de todo esto? Que Jarry defendió Ubú abrazo partido; que, por su parte, Ubú mismo se defendió por sí solo. De aquel estreno memorable a la fecha, Ubú ha seguido subiendo a escena, siempre con éxito creciente: París, Londres, Roma, Bruselas, Varsovia han aplaudido esta gran farsa trágica. ¿ Y por qué no en La Habana? Sería un acontecimiento y un gran honor que Ubú nos haría.
Un testimonio del i.° de mayo *
El 30 de abril fuimos a La Cabaña para recibir instrucciones con motivo del desfile del 1.° de mayo. Nuestra milicia está integrada por los obreros y empleados del taller de Revolución y por los escritores que se agrupan junto a Lunes. Ahora bien, como nuestros hombres no llegan a componer un batallón, nos fusionamos con la milicia de los portuarios. Después de una práctica intensiva de dos horas, y tras haber aprendido ese movimiento de flanco que consiste en cerrar filas, nuestro instructor, el cabo Germán, nos notificó que deberíamos estar
*
Casa de las Américas,
vol. I, n.° 1, La Habana, junio-julio, 1960, pp. 32-33.
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Cfr. Alfred Jarry: « De l ' inutilité du théâtre au théâtre », Mercure
de
France,
t. XIX, n.° 81, Paris, septembre, 1896.