VIDAMÉDICA / Columnas de Opinión
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Von Baer presentaron el proyecto de ley de campus clínico en marzo de 2021. Su tramitación, como varias leyes de importancia para el país, ha sido en extremo lenta y engorrosa. ¿ Y qué plantea el texto en borrador, en resumidas cuentas? Por un lado, la asignación de campos clínicos a universidades en base a la relación histórica que tengan las casas de estudio con la autoridad local, excluyendo explícitamente el interés económico en el proceso e incluyendo como factores determinantes la participación de las universidades en el programa de formación de especialistas y el apego a las normativas de buen trato. Permite además la asociatividad entre distintas casas de estudio en cada región. Por otro lado, también valida la tarea doble de los académicos tanto en su rol asistencial como docente clínico, sin que exista más la necesidad de que los profesores de las universidades tengan que devolver el tiempo trabajado en la academia durante su horario laboral clínico. Lamentablemente, el trámite parlamentario se detuvo en la comisión de salud del Senado, sin que haya existido interés de los actores políticos en reactivar el tema, manteniéndonos hasta el día de hoy con una normativa antigua y limitada para la realidad del quehacer diario de la docencia de pregrado. Ni hablar del postítulo, en que seguimos librados a un escenario con escasa regulación técnica de los programas y administrativa-clínica en los campus clínicos. Nos asiste entonces, por el ineludible compromiso que tenemos como gremio con los aspectos de la formación médica, la responsabilidad de propender al avance de este cuerpo legal.
Dra. María Paz Soto, Presidenta Departamento Medicina Privada COLMED
EL LABERINTO DE FONASA: ENTRE LA PROMESA DE LA ELEC- CIÓN Y LA REALIDAD EN EL COSTEO DE LAS PRESTACIONES
El Fondo Nacional de Salud( FONASA) se encuentra en una encrucijada histórica. La progresiva crisis del sistema de Instituciones de Salud Previsional( Isapres) ha empujado a millones de chilenos hacia el seguro público, transformándolo en el pilar casi exclusivo del aseguramiento sanitario del país. Sin embargo, este crecimiento masivo en su cartera de afiliados no ha ido acompañado de un robustecimiento institucional que priorice la equidad y una gestión eficiente del financiamiento. En este escenario, las dos vías que posee el organismo para articular la colaboración con el sector privado— la histórica Modalidad Libre Elección( MLE) y la reciente Modalidad de Cobertura Complementaria( MCC)— reflejan a la perfección las tensiones de su diseño. Por un lado, la Modalidad Libre Elección nació como un complemento estratégico para descongestionar la red estatal y brindar una opción de atención oportuna y de calidad en clínicas y centros privados. Históricamente ha operado como una válvula de escape fundamental para sortear las crónicas listas de espera. No obstante, el gran talón de Aquiles de la MLE sigue siendo el elevado gasto de bolsillo de las familias, gatillado por coberturas insuficientes que generan copagos inalcanzables. Este problema se ha agudizado drásticamente porque los reajustes de los aranceles públicos corren muy por debajo del Índice de Precios al Consumidor( IPC). El ejemplo más elocuente es el arancel publicado en marzo de 2026: mientras el IPC cerró en un 3.5 %, el reajuste otorgado por la institución fue de apenas un 1.77 %. Al no cubrir los costos reales de las prestaciones ni considerar los avances de la medicina y sus tecnologías, se produce un evidente desinterés en las instituciones y profesionales médicos, quienes deciden no mantener o abandonar sus convenios con FONASA. Así, la " libre elección " termina fuertemente erosionada y condicionada a la capacidad de pago de cada usuario. Como respuesta alternativa a esta brecha nació la Modalidad de Cobertura Complementaria( MCC) bajo el marco de la ley corta de isapres. Esta fue concebida como un esquema de seguro voluntario con prima plana para dotar a los afiliados de una protección financiera robusta y copagos conocidos. No obstante, el tropiezo fundamental de la MCC radica en sus fallidos procesos de licitación. El desinterés de las grandes compañías aseguradoras para administrar este seguro complementario evidencia una falla de diseño estructural: intentar sostener un modelo voluntario sin un fondo de compensación de riesgo sanitario robusto genera una selección adversa insostenible a largo plazo, ya que las aseguradoras temen que solo se inscriban los usuarios con preexistencias complejas y altas necesidades de atención. Ante esta realidad, la mirada de las nuevas autoridades de FONASA parece apuntar en la dirección correcta: más que desgastarse en crear e implementar nuevas formas de financiamiento complejas como la MCC, la prioridad urgente debe centrarse en analizar y fortalecer la Modalidad Libre Elección ya existente. Evaluar exhaustivamente los costeos y sincerar los aranceles de las prestaciones es el único camino viable para permitir un aumento real de los convenios con el sector privado y, en consecuencia, recuperar la red de profesionales en beneficio de los pacientes.