la seguridad de la información clínica. La digitalización de los procesos asistenciales exige resguardar antecedentes especialmente sensibles y establecer mecanismos que garanticen la confidencialidad de los pacientes.
Para el abogado de FALMED, esta responsabilidad debe entenderse como una tarea compartida entre los prestadores institucionales y los profesionales de la salud.“ Los prestadores deben utilizar plataformas seguras, proteger la confidencialidad, integridad y disponibilidad de los datos, conservar adecuadamente la ficha clínica y contar con mecanismos para prevenir y gestionar incidentes de seguridad”, explica.
Pero las obligaciones no recaen únicamente sobre las instituciones. El médico continúa desempeñando un rol fundamental en la protección de la intimidad del paciente.
La participación de terceros o la realización de grabaciones durante una consulta también requieren información previa y consentimiento expreso.“ La tecnología modifica el medio por el cual se presta la atención, pero no altera los deberes éticos y legales del profesional”, enfatiza.
INTEROPERABILIDAD: OPORTUNIDADES Y RIESGOS
Otro de los conceptos que ha ganado relevancia en los últimos años es la interoperabilidad de las fichas clínicas. La posibilidad de compartir información entre distintos establecimientos promete mejorar la continuidad asistencial y optimizar la toma de decisiones clínicas.
Según Hansen, se trata de una herramienta con importantes beneficios potenciales.“ Disponer de información clínica integrada puede evitar duplicidad de exámenes, reducir errores y facilitar decisiones diagnósticas y terapéuticas más oportunas”, afirma.
Sin embargo, la interconexión también implica riesgos relevantes.“ El principal desafío es evitar que una mayor circulación de datos aumente la exposición de la información ante accesos indebidos, fallas de seguridad o usos distintos de aquellos que justificaron su recopilación”, advierte.
Asimismo, se recomienda privilegiar el uso de plataformas institucionales, evitar conexiones desde espacios públicos, proteger las credenciales de acceso y mantener un registro detallado de cada atención.
Cuando la evaluación clínica no entregue suficientes elementos para adoptar una decisión segura, la recomendación es clara: derivar oportunamente al paciente hacia una atención presencial.
“ El consentimiento informado debe entenderse como un proceso y no como un simple formulario”, enfatiza Hansen.
“ Su finalidad es permitir que el paciente participe de manera consciente en la toma de decisiones y comprenda que la seguridad clínica siempre prevalece sobre la conveniencia de mantener la atención a distancia”, recalca.
LOS DESAFÍOS DE LA MEDICINA DEL FUTURO
La expansión de la telemedicina constituye solo una parte del proceso de transformación digital que atraviesa el sistema sanitario. La incorporación de inteligencia artificial, algoritmos predictivos y nuevas herramientas tecnológicas abre oportunidades inéditas para mejorar la atención, pero también plantea interrogantes éticas y jurídicas de gran complejidad.
El abogado advierte que, si bien estas herramientas pueden contribuir al diagnóstico y apoyar la toma de decisiones clínicas, no deben reemplazar el juicio médico ni la relación directa con el paciente.
Finalmente, Hansen plantea que el desarrollo de la medicina digital deberá avanzar sin profundizar las desigualdades existentes en el acceso a la salud.
“ La falta de conectividad, de competencias digitales o de recursos tecnológicos no puede convertirse en una nueva forma de exclusión sanitaria. El futuro de la medicina digital dependerá de su capacidad para combinar innovación, seguridad, equidad y una adecuada preservación de la relación médico-paciente”, concluye.
Por ello, sostiene que los sistemas deben incorporar mecanismos de protección desde su diseño, limitar los accesos según funciones específicas y garantizar la trazabilidad de las consultas y modificaciones realizadas sobre los registros clínicos.
RECOMENDACIONES PARA UNA TELEMEDICINA SEGURA
Desde FALMED, la recomendación principal es entender la telemedicina como una práctica clínica que exige planificación, criterios técnicos claros y resguardos jurídicos adecuados. Antes de iniciar una consulta remota, el profesional debe verificar la identidad del paciente, confirmar que comprende las características de la modalidad y explicar sus limitaciones, particularmente aquellas derivadas de la ausencia de un examen físico presencial.