24 } VIDAMÉDICA / Reportaje
CONSECUENCIAS DE LA BAJA FECUNDIDAD
CUANDO CRIAR SE VUELVE UN PROYECTO DE ALTA COMPLEJIDAD A diferencia de generaciones anteriores, hoy la crianza exige enormes cantidades de tiempo, recursos económicos y energía. La propia investigación presentada durante el seminario muestra cómo la parentalidad se ha intensificado. Los estándares sociales sobre alimentación, educación, estimulación temprana, bienestar emocional, actividades extracurriculares y acompañamiento permanente son cada vez mayores. La llamada " crianza intensiva " genera un escenario donde muchas parejas sienten que, si no pueden ofrecer lo mejor, prefieren esperar. O simplemente renunciar. De acuerdo al estudio encargado por el Ministerio de la Mujer a Unicef durante el 2025, el costo mensual de criar a un niño menor de un año ronda los $ 595 mil pesos, cuando se incorpora el valor económico del tiempo destinado a los cuidados. Pero el dinero no es el único recurso escaso. También aparece la llamada pobreza de tiempo. Las jornadas laborales extensas, los largos desplazamientos y la ausencia de redes familiares dificultan compatibilizar trabajo y crianza. Paradójicamente, para garantizar una buena calidad de vida a los hijos muchas familias necesitan trabajar más, aunque eso implique disponer de menos tiempo para compartir con ellos.
UNA MATERNIDAD QUE CONTINÚA SIENDO DESIGUAL Si existe un consenso entre los especialistas participantes es que la maternidad continúa teniendo un costo desproporcionadamente mayor para las mujeres. La evidencia internacional demuestra que ellas siguen experimentando una importante penalización laboral tras convertirse en madres. Menores ingresos, menos oportunidades de ascenso y mayores responsabilidades domésticas siguen formando parte de la experiencia cotidiana de muchas familias. La presidenta del Colegio de Matronas y Matrones de Chile, Lucy Rojas, sostuvo que los avances alcanzados por programas como Chile Crece Contigo son relevantes, pero insuficientes frente a la magnitud del desafío. A su juicio,“ fortalecer los controles preconcepcionales, ampliar el postnatal, avanzar hacia una sala cuna universal y promover una participación mucho más activa de los hombres en la crianza son medidas indispensables para facilitar los proyectos reproductivos de las familias”, señaló. La corresponsabilidad aparece así como uno de los conceptos centrales del debate. Porque la baja natalidad ya no puede comprenderse únicamente desde las decisiones individuales, sino también desde las condiciones sociales que hacen posible-o imposible- criar.
UN DESAFÍO QUE INTERPELA DIRECTAMENTE AL SISTE- MA DE SALUD Aunque el debate suele concentrarse en los nacimientos, las consecuencias más profundas probablemente se observarán varias décadas después. Una población más envejecida demandará mayor cantidad de especialistas en geriatría, medicina interna, rehabilitación, cuidados paliativos y enfermedades crónicas. Al mismo tiempo disminuirá progresivamente la necesidad de algunos servicios vinculados al nacimiento. La pregunta ya no es solamente cuántos pediatras o neonatólogos necesitará el país. También cómo reorganizar la red asistencial para responder a un perfil epidemiológico completamente distinto. La presidenta nacional del Colegio Médico, Dra. Anamaría Arriagada, advirtió durante el seminario que la discusión debe incorporar una mirada sistémica, considerando no solo el impacto sobre la salud, sino también sobre educación, trabajo, vivienda, seguridad social y cuidados. Asimismo, planteó que el envejecimiento poblacional tendrá profundas implicancias para la sostenibilidad financiera del sistema sanitario y llamó a preparar desde ahora las instituciones para enfrentar ese escenario.
¿ ES POSIBLE REVERTIR LA TENDENCIA? La experiencia internacional ofrece una respuesta prudente. Los países que ya alcanzaron niveles extremadamente bajos de fecundidad prácticamente no han logrado regresar a la tasa de reemplazo.