VIDAMÉDICA / Reportaje { 23
Con una tasa de fecundidad de apenas 0,99 hijos por mujer, Chile ingresó a un reducido grupo de países donde los nacimientos dejaron de asegurar el reemplazo generacional. Lejos de responder a una sola causa, este fenómeno refleja profundas transformaciones culturales, sociales, económicas y sanitarias que obligan a repensar las políticas públicas y el futuro del sistema de salud.
Por Marcos Santis Hernández
Durante décadas Chile concentró buena parte de sus políticas sanitarias en reducir la mortalidad infantil, mejorar el acceso a métodos anticonceptivos y disminuir el embarazo adolescente. Los resultados fueron exitosos. Sin embargo, mientras esos indicadores mejoraban, otro fenómeno avanzaba silenciosamente. Cada año comenzaron a nacer menos niños. Lo que inicialmente parecía una consecuencia natural del desarrollo terminó convirtiéndose en una transformación histórica. Hoy Chile registra una Tasa Global de Fecundidad de apenas 0,99 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 hijos necesarios para asegurar el reemplazo generacional. Nunca antes el país había alcanzado un nivel tan bajo. La cifra ubica a Chile junto a economías como Corea del Sur o Singapur, territorios donde la baja natalidad dejó de ser una preocupación estadística para convertirse en un problema estructural capaz de modificar la organización de la sociedad. Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas indican que el crecimiento natural de la población comenzará a ser negativo a partir de 2028. En otras palabras, morirán más personas de las que nacerán. Algunos años después, la población chilena comenzará a disminuir. Pero la baja natalidad no es simplemente un problema de números. Es una transformación que modificará la manera en que el país organiza sus sistemas de salud, educación, pensiones, cuidados y trabajo. Con el propósito de analizar las causas y consecuencias de este fenómeno, el Colegio Médico de Chile y la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología( SOCHOG) realizaron el seminario " Chile y su baja natalidad: desafíos para la salud, los cuidados y el futuro del país ". El encuentro reunió a especialistas de distintas disciplinas para abordar las implicancias demográficas, sanitarias y sociales de una tendencia que ya comenzó a transformar al país.
LA PREGUNTA EQUIVOCADA Una de las principales conclusiones del seminario fue que quizás Chile lleva años formulando mal la pregunta. Más que preguntarse por qué las personas " no quieren tener hijos ", el desafío consiste en comprender qué condiciones están dificultando que quienes sí desean formar una familia puedan hacerlo. Esa fue una de las principales reflexiones desarrolladas por la socióloga Martina Yopo, doctora en sociología de la Universidad de Cambridge e investigadora de la Pontificia Universidad Católica, quien ha estudiado durante años las transformaciones reproductivas que experimenta el país. " La baja fecundidad no puede entenderse únicamente como un fenómeno demográfico ", sostuvo durante su exposición. " También refleja profundas transformaciones sociales que han cambiado el significado, las condiciones y las posibilidades de la reproducción ". Detrás de la disminución de los nacimientos conviven múltiples procesos que ocurren simultáneamente. Las personas se convierten en madres y padres a edades cada vez más tardías; aumenta el número de quienes deciden no tener hijos; las mujeres enfrentan mayores oportunidades educativas y laborales; los costos económicos de la crianza crecen sostenidamente; las redes familiares son menos extensas que hace algunas décadas y las expectativas sobre lo que significa ser un " buen padre " o una " buena madre " nunca habían sido tan exigentes. El resultado es una realidad mucho más compleja que una simple disminución del deseo de tener hijos.
LA MATERNIDAD DEJÓ DE SER UN PROPÓSITO Uno de los cambios culturales más profundos descritos por Martina Yopo es que la reproducción dejó de entenderse como un paso inevitable en la vida adulta. Durante buena parte del siglo XX la maternidad y la paternidad formaban parte del curso esperado de la vida. Hoy eso cambió. La decisión de tener hijos pasó a ser una elección consciente, reflexiva y profundamente biográfica. Esa transformación representa una conquista importante en términos de autonomía reproductiva. Sin embargo, también convierte la maternidad y la paternidad en decisiones mucho más complejas, atravesadas por incertidumbres económicas, laborales y personales. Al mismo tiempo, la propia idea de familia también se diversificó. Hoy conviven parejas sin hijos, familias monoparentales, parejas del mismo sexo, personas que deciden vivir sin descendencia y nuevas configuraciones familiares que hace apenas algunas décadas eran socialmente impensadas. No se trata solamente de que las personas tengan menos hijos. También cambió profundamente la manera de entender qué significa construir una familia.