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Reconstruirse
como médico
Este relato busca visibilizar la afectación profesional, personal y emocional que deja, en una“ segunda víctima”, un evento adverso que termina con la muerte de un paciente.
Por Paulo Muñoz, periodista FALMED.
Manuel estudió medicina hace más de 40 años. Lo hizo por vocación, por esa necesidad genuina de ayudar a otros seres humanos y también convertirse en el primer médico que había en su familia.
Manuel es ginecólogo y, hasta hoy, trabaja en un recinto hospitalario de la región metropolitana. Basta iniciar un diálogo con él sobre las motivaciones que lo llevaron a abrazar la medicina, para que aparezcan relatos emotivos y palabras propias del compromiso hipocrático.
Pero como la vida, la historia de Manuel tiene episodios alegres y otros amargos. Y si bien estos últimos son menos, uno de ellos marcó su vida profesional y personal: la muerte de una de sus pacientes con posterioridad a una intervención quirúrgica.“ Uno aprende que, aunque haga las cosas bien, que se capacite, que tenga la experiencia, que esté actuando según los protocolos y las normas, que comparta información con otros colegas y cumpla los estándares de calidad, igual pueden pasar eventos adversos”, dice.
La familia de la paciente de este ginecólogo, lo demandó por negligencia médica, responsabilizándolo del deceso de la paciente, ocurrido en 2019. El proceso incluyó una mediación que no prosperó y un desgaste emocional, estrés laboral y afectación psiquiátrica de este profesional de la salud que aún aparecen.
Manuel realmente no es Manuel. Decidimos cambiar su nombre en este reportaje y no identificar su lugar de trabajo, porque precisamente la demanda civil presentada en su contra sigue abierta y a la espera de un fallo definitivo.
“ Cuando llegó la demanda por supuesto para mí y para mi entorno significó una carga de estrés muy fuerte, pero el estrés se originó cuando yo me enteré que falleció la paciente, no necesariamente cuando llegó la demanda”, comenta Manuel.
A través de cursos, seminarios y capacitaciones Manuel conocía que los médicos podían enfrentar una denuncia por presunta negligencia médica y también manejaba conceptos relevantes para un ejercicio seguro, como era actuar conforme a la lex artis, la relevancia del consentimiento informado y mantener una ficha clínica completa.
“ Con respecto al consentimiento informado yo tenía más que claro que no era un papel que se firmaba, sino que era un proceder. Yo siempre actuaba de la misma manera, explicándoles a los pacientes los pormenores de su manejo, y pensé que, en cierta medida, enfrentar una situación de ese tipo me iba a ser remota, pero si me ocurría yo sabía que actuaría con las indicaciones que me permitírian enfrentarlo de manera mejor”, dice el profesional.
Pero el manejo de esta información, o participación en instancias de prevención de la judicialización de la medicina, no garantizaban que su actuación profesional médica podía verse cuestionada por un caso de presunta negligencia.“ El mismo día en que la paciente falleció tomé como decisión dejar la atención privada, a pesar de que la paciente que falleció era del hospital. Quise hacer un cambio en mi vida laboral y concentrarme 100 % en el trabajo de médico funcionario del hospital”, comenta el médico.
Manuel explica esta decisión porque“ sentía que esa situación me generaba una carga de estrés tan grande que tenía que hacer algún cambio en mi vida, y opté por anular mi labor de médico privado y volver a mis raíces, ser un médico funcionario de un hospital, entregado al servicio público”.
“ Tuve que reconstruirme como médico”
Estrés laboral, la angustia permanente y una licencia psiquiátrica que se prolongó por tres meses, fueron parte de las secuelas que generó este episodio que, lamentablemente, terminó con el fallecimiento de su paciente. Una afectación personal que, recalca, también impactó a su familia.
“ El desgaste emocional me provocó estar tres meses sin poder trabajar porque no estaba en buenas condiciones, tampoco tenía una forma tranquila de enfrentar situaciones familiares que me generaban una angustia emocional que era muy fuerte, y tuve que requerir asistencia profesional, medicación, apoyo de psicoterapia, hasta que, finalmente, después de tres meses, pude reintegrarme de apoco al trabajo del hospital”, dice Manuel.
La frase que mejor define esta etapa para Manuel es que“ tuve que reconstruirme como médico”.
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