VIAJES INCREÍBLES 49
A hora el estilo de aeropuerto vuelve a transformarse: prendas relajadas, capas inteligentes y siluetas más cuidadas intentan demostrar que viajar cómodo y viajar bien vestido ya no tienen que ser ideas opuestas. Antes de despegar hay un pequeño desfile que nadie anunció. Una chamarra sobre los hombros. Tenis que sobrevivirán varios kilómetros de terminal. Un bolso suficientemente grande para guardar documentos, audífonos y cargadores. Pantalones capaces de soportar horas en un asiento. Alguien camina deprisa hacia seguridad. Otra persona arrastra una maleta mientras sostiene un café. Nadie entregó un código de vestimenta. Y, sin embargo, el aeropuerto vuelve a tener uno.
CUANDO VOLAR ERA UNA OCASIÓN PARA VESTIRSE
Hubo un momento en que abordar un avión tenía algo de acontecimiento. La aviación comercial de mediados del siglo XX construyó una imagen sofisticada alrededor del viaje aéreo. Trajes, vestidos estructurados, abrigos y zapatos formales acompañaban aquella idea de que volar no era simplemente trasladarse. Con el tiempo todo cambió. Volar se hizo mucho más cotidiano. Los aeropuertos crecieron. Los procedimientos de seguridad modificaron nuestra manera de movernos por ellos. Los trayectos internacionales y las largas conexiones convirtieron el viaje en una prueba de resistencia. Y la ropa respondió. Vogue recuperaba precisamente esta transformación en 2026 al recordar aquella época de sombreros y abrigos elegantes frente a una actualidad en la que vestirse para tomar un vuelo suele estar dominado por la practicidad. Su propuesta actual no consiste en regresar a la formalidad, sino en recuperar cierta intención al elegir qué usamos durante el trayecto.
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