VIAJES DE GULLIBER Swift, Jonathan - Los viajes de Gulliver | Página 159
153
mío, lo que él toleraba sin decir nada. Pero la mayor parte del día me lo pasaba encerrado
en mi camarote para no ver a ninguno de la tripulación. El capitán quiso muchas veces
convencerme de que me despojara de mis vestiduras salvajes y me ofreció prestarme el
traje mejor que tenía, pero no pudo conseguir que lo aceptara, pues aborrecía cubrirme con
nada que hubiese tenido un yahoo sobre su cuerpo. Solamente le pedí que me prestara dos
camisas limpias, que, lavadas después de usadas, creía yo que no me ensuciarían tanto. Me
las cambiaba un día sí y otro no y las lavaba yo mismo.
Llegamos a Lisboa el 5 de noviembre de 1715. Al desembarcar me obligó el capitán a
cubrirme con su capa, para impedir que la gente me rodease. Me llevó a su casa, y a formal
requerimiento mío me instaló en la habitación trasera más alta. Le rogué encarecidamente
que ocultase a todo el mundo lo que yo le había dicho de los houyhnhnms, pues la menor
insinuación de tal historia no sólo atraería a verme gentes en gran número, sino que
probablemente me pondría en riesgo de ser encarcelado o quemado por la Inquisición. El
capitán me persuadió para que aceptase un traje