dríamos sentir el consuelo que recibi-
mos de nuestro ‘Padre misericordioso y
Dios de toda consolación, y por lo tanto
no podríamos consolar a aquellos que
sufren a nuestro alrededor ‘con el mis-
mo consuelo que de Dios hemos reci-
bido”.
Ante la pausa reflexiva de Clara, Es-
peranza exclamó como a quién se le ha
iluminado de repente la mente con la
respuesta a un desafío: ‘¡Tenemos un
Padre maravilloso que no desaprove-
cha ni una oportunidad para mostrarnos
su amor! ¡En verdad Dios hace de los
limones limonada!
No sabes lo que me ayudas cada
vez que vengo a verte y hablamos so-
bre estos temas que me bullen en la
cabeza. No solo me ayudas a que me
olvide de mi cáncer, sino a ver más a
Dios como verdaderamente es: infinita-
mente amoroso, misericordioso y que
tiene un maravilloso propósito para ca-
da uno de los seres humanos, a pesar
de las circunstancias por las que poda-
mos estar pasando, que en las mayoría
de las ocasiones permite y usa para que
nos acerquemos más a él e ir formando
la imagen de su Hijo en nosotros’.
Clara se sintió impulsada a aclarar
algo a Esperanza mientras la escucha-
ba, pero viendo la profundidad de lo que
esta estaba afirmando decidió no inte-
rrumpirla hasta que acabara.
“Doy gracias a Dios por la compren-
sión que te está dando y por decirme
que te ayudo cuando tenemos la opor-
tunidad de vernos y compartir sobre
nuestra fe. Dios también se está valien-
do de ti para ayudarme, tanto en lo espi-
ritual como en lo personal. Esperanza,
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no me quiero colgar medallas que no
me corresponden, en realidad es Dios
el que te está ayudando por medio de
mí a través de su Espíritu que mora en
mí. Y Dios así desea y espera que su-
ceda entre los cristianos.
Jesús dijo que su sacrificio nos haría
libres, libres de la culpa y la vergüenza;
libres del temor y la ansiedad; y al final,
libres de las lágrimas y el dolor. Nuestra
fe, oración y conversación tienen un im-
pacto en nuestra calidad de vida y en la
de los que nos rodean.
En medio de nuestros desafíos más
difíciles podemos tener la seguridad de
que nuestro dolor tiene sentido. Pode-
mos confiar que Dios tiene un gran pro-
pósito aún para nuestro sufrimiento. El
dolor no es placentero, pero su propósi-
to es siempre que miremos a Dios. Él
promete un tiempo, en la plenitud de su
reino, en el que no habrá más dolor ni
sufrimiento, cuando el mal sea entera-
mente erradicado y todas las cosas
sean enteramente nuevas en su pleni-
tud”. Mientras Clara decía esto buscó
en su Biblia lo que deseaba leerle a Es-
peranza: “‘Oí una potente voz que pro-
venía del trono y decía: «¡Aquí, entre los
seres humanos, está la morada de
Dios! Él acampará en medio de ellos, y
ellos serán su pueblo; Dios mismo esta-
rá con ellos y será su Dios. Él les enju-
gará toda lágrima de los ojos. Ya no
habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni do-
lor, porque las primeras cosas han de-
jado de existir. El que estaba sentado en
el trono dijo: «¡Yo hago nuevas todas
las cosas!» Y añadió: “Escribe, porque
estas palabras son verdaderas y dignas
de confianza”’ (Apocalipsis 21:3-5).
(Continuará en el próximo número)
Verdad y Vida Mayo - Junio 2017
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