Verdad y Vida JUL-SEP 2016 | Page 29

• Distribuir las cargas de la vida de uno para que sean más manejables, centrando nuestras prioridades para ser más semejantes a Cristo. • Prepararse mejor para situaciones potencialmente aplastantes, adoptando la actitud de Cristo. Aquella metáfora de la mochila beduina me sirvió fielmente treinta y cinco años, siempre que surgía la ocasión, hasta que leí el capítulo 9 del libro The Pursuit of God-La Búsqueda de Dios- de A.W. Tozer: “Humildad y descanso”. Las metáforas y las analogías son maravillosas hasta cierto punto. Como estudiante y joven ministro, deseando complacer al Maestro, había tomado y usado una experiencia personal en apoyo de su enseñanza. El espíritu estuvo dispuesto pero la exégesis fue terrible. Sincera pero irrelevante con el punto que Jesús estaba haciendo. El fallo de mi metáfora familiar estaba en que yo dejaba el yugo, la carga en mí…solo. Distribuida, sí. Más fácil, sí. Más capaz de hacer mi pequeña parte, sí. Sin querer, una exégesis pobre y el entusiasmo por usar una metáfora dejó a mi pobre mochila beduina representando inadecuadamente la extensión de la mediación de Jesucristo en nuestro beneficio y el papel en nuestra vida. Le metáfora que Jesús usó no fue la mochila beduina. Fu el yugo judío para los bueyes, por el que un buey sin experiencia podía unirse a lado de uno más fuerte y veterano del que: • Podía aprender a como cumplir su www.comuniondelagracia.es papel. • Sus debilidades podían compensarse por la fuerza más grande del otro. • No podía desviarse por capricho; el yugo lo mantenía centrado en la dirección correcta. Y, por supuesto, lo más importante de todo: A los bueyes no se les da otra elección. A nosotros sí. La maravillosa invitación de Jesús es a tomar su yugo, uniéndonos voluntariamente a él, para que nos lleve con seguridad a través del complejo campo de entrenamiento que es la vida. Estas son dimensiones reconfortantes del papel del Maestro en nuestra relación que ni siquiera se sugieren en mi metáfora de la mochila beduina. En retrospectiva, si hubiera completado el curso de ACCM (Ambassador College of Christian Ministry-Ambassador College de Ministe