velada literaria Décadas de Amor | Page 27

Hoy he despertado algo pensativa, dado que me cuesta trabajo pensar que hoy y a esta hora, estaría en camino al altar para casarme con mi primer amor. No entiendo por qué pero me siento muy abrumada. Lo sé, he sido yo la que tomado esta complicada decisión.

Todo comenzó un 3 de septiembre de 1987. Es imposible olvidar la fecha. Era mi primer día de trabajo, estaba entusiasmada y algo nerviosa, pero sabía que lo haría muy bien. Al llegar a la tienda, mi jefe me dio todas y cada una de las reglas e instrucciones, minutos después un hombre entró a la tienda. Fue entonces cuando mi jefe me pidió que lo atendiera. Con timidez me dirigí hacia él y por más que me resistí no pude dejar de notar lo apuesto que era. Tenía unos ojos bellísimos y una sonrisa encantadora. Le pregunté si se le ofrecía algo en específico y sin dudarlo me cuestionó si contábamos con el LP de “Los Rolling Stones”. No lo podía creer ése también era mi favorito. Me tardé un tiempo en responder y él tuvo que preguntarme de nuevo, al fin contesté; fui a buscar el disco y se lo traje en seguida. Pagó, me agradeció y se dirigió hacia la salida.

No comprendo por qué, pero ese hombre no lograba salir de mis pensamientos. Todo el tiempo intentaba despejar mi mente, pero siempre llegaba a mi memoria esos bellos ojos. Me prometí que la próxima vez que me cruzara con él, platicaríamos. Así fue. Días más tarde, se apareció de nuevo en la tienda, traía consigo su LP. No comprendía por qué estaba de regreso, su LP estaba intacto. Me pidió que lo revisara, así que tomé el disco y lo llevé a la parte trasera. Lo probé y todo parecía estar en orden. Vino a mi mente la idea de que sólo había regresado para verme, pero quizás esto era imposible. Después de pensarlo por unos segundos, decidí meter dentro de la caja del LP el número de mi casa, escrito en un pequeño pedazo de papel que se encontraba en mi bolsillo. Esperaba que con esto me contactara. Me dio las gracias y nuevamente se marchó.

Esperé impaciente su llamada durante todo el dia y alrededor de las cuatro de la tarde el teléfono finalmente sonó. Sin pensarlo, contesté. Tristemente, al atender el teléfono, me percaté que no era él. Era mi hermano buscando a mi madre. Me decepcioné un poco y me dirigí hacia mi recámara. Encendí la radio para distraerme y en un abrir y cerrar de ojos se hizo de noche. El teléfono seguía sin sonar, así que me di por vencida y decidí alistarme para dormir. De pronto sonó el teléfono, no me preocupé por contestar, ya que nunca pensé que fuera él. Guardé silencio para escuchar con quién habla mi mamá y lo primero que oí fue “¿Con quién tengo el gusto?” Mi mamá nunca contesta así. Entonces supuse que era él. Salí de mi cuarto y me dirigí hacia la sala, donde se encontraba mi madre con el teléfono. Rápidamente le pregunté quién era y lo único que contestó fue “te busca Carlos”. Me entregó el teléfono y se retiró para darme privacidad. Él pensó que seguía hablando con mi madre y me preguntó “¿Señora, se encuentra su hija?” Por lo que respondí “Sí soy yo, Alicia” Hablamos durante un rato y antes de colgar me invitó a tomar un café. Acordamos fecha, hora y colgamos.