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LA EDUCACIÓN: LA MEJOR INVERSIÓN QUE PUEDE TENER UN PAÍS A FUTURO

La educación en América Latina siempre ha sido afectada por la corrupción y la falta de inversión social. Se encuentra en un círculo en donde muchos profesores no alcanzan el nivel deseado para dicha formación, contrario a otros países avanzados, los cuales son conscientes de que el máximo activo es el potencial humano, invierten en sus maestros, en su calidad de vida y, por ende, en sus estudiantes. Buscan conectar y llevar progreso a los sitios más apartados. Con la pandemia, se agudiza la crisis, ya que si antes los estudiantes, mal o bien, podían recibir sus clases presencialmente, ahora a distancia resulta ser un reto y casi una utopía para algunas familias, evidenciándose así la desigualdad entre las clases menos favorecidas: aquellas que no tienen acceso al internet, mucho menos a un computador o un teléfono inteligente. Esto se puede dar por un factor económico, por falta de infraestructura en telecomunicaciones o sencillamente, ambas cosas.

Los programas educativos, si anteriormente son adaptados por los gobiernos para enseñar lo que deseen a conveniencia, queda demostrado ahora en la pandemia que hay que ajustar el método educativo. Pandemia o no, lo que nos queda claro es que siempre ha habido una brecha entre aquel que puede pagar una educación y aquel que no, y siempre ha habido deserción escolar por la falta de oportunidades y recursos, lo cual esta crisis sanitaria intensifica. Esto nos lleva a mirar qué queremos para nuestro futuro, ¿un continente más empobrecido y estancado o uno deseoso de corregir los errores e invertir en sus jóvenes y en sus niños, sin importar si están en el campo o en la ciudad?

Se puede considerar que los datos, tanto de deserción, como en la finalización de estudios, hablan por sí solos: en toda América Latina, treinta y siete por ciento de los estudiantes entre quince y diecinueve años abandonan su ciclo escolar. Agregando a esto, la tasa de graduación en varios países no llega al cincuenta por ciento, por ejemplo, en Argentina, solo el cuarenta y tres por ciento de los estudiantes se gradúan de bachillerato mientras que en México, la tasa es de cuarenta y ocho por ciento, sumado a que la poca cantidad de estudiantes que se gradúan, está el que pocos logran acceder a la universidad, siendo por ejemplo en Colombia, solo el cincuenta por ciento de los estudiantes graduados acceden a la universidad; en los estudios universitarios, tenemos que en Latinoamérica, poseemos una alta tasa de deserción, en Argentina, es de setenta por ciento, en Brasil del cincuenta por ciento y en Chile del cuarenta por ciento.

Lo primero, en pro de alcanzar una calidad educativa más alta, sería mejorar el acceso a la tecnología, reestructurar los programas educativos y garantizar un buen sueldo a los maestros, al mismo tiempo, se deben subir los niveles de exigencia que se requieren para lograr dicho objetivo, debido a que el futuro de un país depende de las enseñanzas dadas.

Definitivamente, se necesita más inversión para descentralizar las universidades en las capitales de cada región; por cada número justificable de habitantes debería haber instituciones educativas y acceso a internet en el campo.

Las palabras del presente

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