El camino de baldosas amarillas
Antonella Coronel Villamizar. 11C
Dorotea en la obra“ El mago de oz” busca sin cesar y con gran desespero el camino de baldosas amarillas que la guiaría al tan anhelado Mago de oz, quien reencarnaría el desenlace a los desasosiegos de la inocente niña de Kansas y sus compañeros de aventura: el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león cobarde. No obstante, han sido vilmente engañados, encontrando que el Mago es simplemente un hombre común y los únicos que podrían saciar sus obstáculos eran la propia Dorotea y sus acompañantes, de cuyos obstáculos brotaría el corazón, cerebro y valentía añorados. De esta manera, nos preguntamos, ¿ puede nuestra realidad no ser ajena al fantasioso mundo de escarlata?
Al igual que las pesadumbres por las que atravesaban constantemente los personajes de Oz, como jóvenes enfrentamos los vaivenes propios de nuestra etapa en el recorrido vital basado en aquellos descubrimientos de fenómenos desconocidos a los cuales somos inexpertos y cuyas consecuencias quizás beneficien o, en el peor de los casos, culminen en errores. No obstante, son aquellos retos enfrentados que llenan el baúl de experiencias y nos permiten colonizar aún más cada baldosa del extenso y aparentemente eterno camino amarillo. Paralelamente, podemos contemplar que alrededor de nuestro recorrido se contemplan unas peculiares rosas rojas quizás despreciables, pero tan imperativas que contienen aquellos valores que desarrollaremos para seguir conquistando cada paso que demos. Entre estos, la crítica, la curiosidad, las ansias de descubrir, enfrentar y seguir. Los anteriores forjarían el sistema personal de valores que permitan, consolidar con carácter la capacidad de discernir y tomar decisiones con el furor necesario para el beneficio propio y colectivo entendiendo a la libertad como aspecto alejado del libertinaje sesgo de nuestra integridad. Es así, que a través de los retos y tropiezos podremos lograr aprendizajes que a su vez den espacio al autoconocimiento trascendental en la búsqueda de gustos y disgustos que nos prepararen a hacer frente a la naturaleza dual del hombre, como el mago de Oz, y salir victoriosos de sus intenciones poco favorecidas.
En este orden de ideas, con convicción Dorotea retrata la“ tabula rasa” que presentamos como individuos y que de manera progresiva y sorprendentemente vertiginosa se ira llenando con cada salto del bloque amarillo, con cada caída, con cada desafío que tendremos que encarar. Sin embargo, nunca olvidando la finalidad de la lucha, que puede variar entre estudiar la carrera de sus sueños, trabajar en el campo de su gusto, cambiar dinámicas sociales e incluso transformar cánones del contexto global con tal convencimiento como el del espantapájaros en su búsqueda por un corazón que jamás pasó por alto las rosas del camino que trazan las pistas para conquistar la valentía del león y el regreso a casa de Dorotea.
Lo que dejamos, y qué nos llevamos.
María José Rojas Martínez. 11C
Todavía recuerdo la primera vez que ingrese a esta institución. Hace diez años, sus grandes puertas, que en un inicio me intimidaron, pronto me revelarían los rostros de la bondad y nobleza de las personas que en un primer momento me rodearon. Hoy, al mirar atrás, no puedo estar más orgullosa y agradecida de la persona que soy, producto de una larga trayectoria dentro del establecimiento.
Con especial afecto, evoco esos primeros años marcados por la curiosidad, la inocencia y el descubrimiento. En esos momentos sencillos comenzaron a forjarse recuerdos que permanecerán con nosotros por un largo tiempo. Y así, poco a poco, ese lugar que me parecía tan extraño y ajeno, se fue convirtiendo en un lugar familiar, en un segundo hogar.
Sin darnos cuenta llegarían nuevas etapas. Ya no se trataba de descubrir el mundo con la mirada fresca de la primavera, sino de enfrentarnos a desafíos, tanto en materia académica como en la vida misma. Donde la vara de la exigencia iba haciéndose cada vez más rígida y las responsabilidades se multiplicaban.
Si algo nos ha enseñado la Fundación Colegio UIS, es que la disciplina y el esfuerzo son la base del éxito, es así que la vida escolar, lejos de ser un fin en sí misma, es apenas el calentamiento de lo que nos espera afuera; un país lleno de retos, que reclama jóvenes lideres, fuertes, críticos, justos y con la fuerte certeza de que si es posible transformar un sistema que hoy resulta obsoleto. Colombia nos necesita, porque aún cargamos con desigualdades que persisten, con la indiferencia que debilita nuestro pueblo y con la violencia que aun marca en nuestra historia.
El colegio no fue un simple espacio donde memorizamos formulas, fechas o nombres. Pues la educación que recibimos en la institución va mucho más allá. Nuestros maestros, pieza fundamental en nuestro desarrollo, nos transmitieron lo más elemental: pensar, entender, razonar y cuestionar. Así lo aprendimos y aplicamos en cada debate de clase, donde debíamos sostener nuestras ideas frente a los argumentos de otros, también, en las discusiones de la historia y realidad de nuestro país, que nos invitaban a reflexionar más allá de un simple taller de clase o evaluación. Así, la enseñanza más valiosa que me llevo de estos años, es que el conocimiento, solo cobra sentido cuando se pone al servicio de los demás. Esa es la huella más profunda que nos deja nuestra institución: la convicción de que el saber y la educación son herramientas de cambio y progreso.
Estas palabras no son únicamente una despedida, son también una afirmación de que muchos de nosotros estamos preparados para lo que viene. Nuestra formación no se quedará en las aulas porque continuará, para cada quien, de maneras diferentes, y de acuerdo a su propio camino, se ejercerá en los espacios donde Colombia necesita voces jóvenes y firmes, así como manos dispuestas a construir.
Las puertas que un día, a muchos nos intimidaron, poco a poco se abren, para mostrarnos el mundo que nos espera. Y aunque dejemos atrás los pasillos de esta institución, siempre tendremos el nombre de la Fundación Colegio UIS grabado en nuestra memoria, en nuestro conocimiento y en los valores que nos acompañaran en nuestra vida.