Today ' s words
Palabras de Agradecimiento y Despedida a la Fundación Colegio UIS
¿ Cómo empezar? ¿ Cómo siquiera intentar describir lo que han sido este par de años para mí? El descubrimiento, la apertura a otras perspectivas …
Debemos remitirnos al año 2022, recién saliendo de la pandemia. Un timidísimo Camilo mal peluqueado llegó al colegio con su tapabocas de los Simpson. Fue un buen año para entrar sin duda, aquellos estudiantes que ingresaron en la virtualidad eran prácticamente nuevos también, por ende entre todos nosotros, los marginados por falta de antigüedad terminamos por unirnos. A partir de ahí las risas nunca volvieron a faltar, cada quien con sus desperfectos y talentos eran el engranaje que se ajustaba milimétricamente a las situaciones que derivaban en chistes; aquel que se comió un chile habanero en el almuerzo, el mismo que cada descanso compraba metódicamente un pan gala y una avena, este que lanzaba cuadernos cuando se entraba un insecto al salón, el personaje que discutía con completa soltura sobre temas delicadísimos con profesores sacándonos a todos de la rutina e incluso derribando la barrera profesor-estudiante. Hablo pues de Jurado, compañero que aunque se salió ese mismo año y nomás lo conocí por unos siete meses, fue suficiente para entablar amistad con la persona más payasa y conversadora que jamás me haya encontrado. Prosiguiendo con el repertorio, hace falta nombrar a otro gran ser humano que lamentablemente también salió ese año: Jose Ascuntar, hombre de pequeña estatura pero grande en sentimiento y razón, sin lugar a duda es el mayor superdotado en todo cuanto respecta a Matemáticas y fue aquel quien por primera vez se me acercó y me presentó ante los demás, jamás olvido eso. Y continuando con el reparto de personajes de ese año valen destacar a Daniel Garavito
como el mayor conversador y amigo con el que podría contar, a Juana Valderrama con sus locuras y gustos extraños en libros, Nicolás Reina cuyos constantes desatinos eran el pan de cada día que nos daba razones para reír. Me quedan muchos otros personajes por nombrar, y revisando esos nombres recuerdo con tristeza que de todos ellos solo queda uno en el colegio, los demás cogieron otros rumbos, y eso tan solo fue octavo. Aquí aprendí que las personas van y vienen, somos un vitral compuesto por las enseñanzas y anécdotas que los demás dejan en nosotros, ellos viven en nosotros sin importar las distancias impuestas.
Llegar a noveno con casi todos mis amigos despachados fue de nuevo un golpe, pero de nuevo, la cercanía de todos me ayudó a formar parte de un nuevo grupo destinado a pasarla bien y disfrutar cada momento, en esta ocasión aparecen en escena Jerónimo Delvasto, Luis Miguel Amaya, Santiago Higuera, José Manuel Rincón, Carlos Lugo, Tomás Forero y Juan Esteban Guerra como fundadores del desorden del glorioso“ Noveno C”. Fue de nuevo otro gran año en el que distintas personalidades se aliaron con la gran idea de reducir la tensión provocada por el creciente rigor académico a base de la risa. Filosofía que mantengo firmemente aún hoy. La gran lección de ese año fue que sin importar las circunstancias todo se podría sortear con una sonrisa puesta y una tripulación de alegres navegantes para acompañar en la travesía.
Décimo … algunos se dispersaron, otros siguieron juntos, en la desazón que producía la latente cercanía de la salida del colegio encontré refugio en los libros devorados por la soledad en la sala de Historia de la Música, y sobre todo en las interminables charlas con el maestro
Guillermo, he de decir que no soy de hablar con profesores, pero con Guille ocurre algo distinto, se baja de su nube académica para repartir conocimiento sin miramientos, solo se requería de un buen oído y tiempo para disfrutar de las películas y libros que dictaba el profe. He ahí una nueva enseñanza, conocer de las cosas que estaban más allá del colegio resulta vital para cuando llegue el momento en el que estemos fuera de este.
Y ahora, escribiendo esto me doy cuenta que las palabras cliché como nostalgia, temor, ansias, felicidad, son reales y representan exactamente lo que se siente en este fin de etapa. Cuanto quisiera revisitar alguno de esos días en los que estallaba de risa junto a todos en ese lejano octavo o noveno … pero el tiempo marcha, y si bien eso puede causar cierta lástima, es cierto que los recuerdos habitarán para siempre,“¡ Uy! se acuerda cuando …”,“ Pero mejor estuvo cuando …”, frases que inmortalizarán el momento dentro de nuestras vidas.
Y ya para dar por finalizado tanto sentimiento no me resta más que, como el buen Cerati, darles gracias totales a todo mundo, compañeros en lo académico y en el relajo, profesores convencidos en que su cátedra puede marcar una diferencia en cada uno, todos.
Chaolín pingüín. Aquí nomas dejo esta noble y frágil huella, el testimonio de un estudiante que contó con buena fortuna.
Su servidor, Camilo Andres Ortiz Gómez. 11A
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