Érase una vez una patilla que estaba de viaje con su familia y fueron a Santa Martha.
Era de mañana y la patilla se encontró con todos sus amigos y fue al hotel
con su familia, fueron a nadar en la piscina del hotel, la patilla se encontró
con su amiga favorita, Mari, -hola Mari- la saludo
-Hola Julieta- le contestó la otra.
La patilla Julieta se hundió porque no sabía nadar, los padres se la llevaron
a la orilla de la piscina y ella se levantó después de un rato, despertó y le
enseñaron a nadar sin flotadores.
Se llegó la noche y comieron pastas, pescado, salsa de queso y tomaron limonada de panela.
Al siguiente día nadó, nadó y se divirtió mucho con sus amigos y su familia.
Pasaron varios días y un día dijeron – vamos a vivir aquí para siempre- por eso
trajimos todo, vamos a trabajar aquí, estudiar y seremos felices en Santa Marta.
Como Julieta se quedó a vivir en Santa Marta se convirtió en una nadadora de nado
sincronizado y ganó muchos premios y medallas. Fin.
Hace mucho tiempo en un árbol alto vivía un pájaro y su emplumada madre, era un bosque muy hermoso, flores y un río lo adornaban, el sol y el viento lo acariciaban.
Una mañana lluviosa salió la madre pájaro en busca de comida, su hijo quedó muy triste en el nido y sin darse cuenta voló lejos de él. Pasó por la niebla oscura, altas montañas y gigantes cascadas. Al llegar su madre y ver el nido vacío salió en su búsqueda.
Después de volar durante largo tiempo, encuentra a su hijo asustado descansando sobre una rama, al verse madre e hijo, se abrazaron con sus hermosas alas y prometieron no volverse a separar jamás y vivieron felices.