UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 97
Un Capitán de Quince Años
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arroyo, cuyas aguas habían sido desviadas.
Toda la población, se aprestaba a asistir a aquella trágica ceremonia, y llegada la
hora, un nutrido cortejo avanzó hasta el lugar del acto entre gritos y danzas
fúnebres.
Entonces empezaron por cubrir el fondo y las paredes con mujeres vivas,
escogidas entre las esclavas del monarca.
Este repugnante hecho se basaba en la costumbre de enterrar a las desgraciadas
vivas; pero, ante la poco corriente muerte de Moini Lungga, se había decidido que
serían ahogadas junto al cuerpo de M amo.
Todos los tratantes con sus tavildares engrosaban la masa de los asistentes.
El "cuerpo" del rey fue transportado tendido en un palanquín que rodeaban las
esposas de segundo orden, algunas de las cuales habían de acompañarle en su
último viaje.
Cerraba el largo cortejo la reina Moina, lujosamente ataviada.
Alrededor de la fosa, cincuenta esclavas vivas, sujetas por fuertes cadenas,
esperaban a que el torrente de agua se abatiese sobre ellas.
Cerca de la fosa real estaba clavado en el suelo un poste pintado de rojo, en el
que un blanco se hallaba fuertemente atado.
Aquel blanco era Dick Sand, que iba a contarse también entre las víctimas de
aquel sangriento funeral.
Antes de precipitar las aguas sobre aquellos desgraciados seres, la cuarta esposa,
que estaba colocada a los pies del rey, fue degollada a una señal de la reina por el
verdugo de Kazonndé. Su sangre, que corrió por la fosa, fue el comienzo de una
espantosa escena. Bajo el cuchillo de los degolladores cayeron cincuenta
esclavos, que regaron con su sangre el lecho del río.
La horrenda carnicería, entre los gemidos de las víctimas y las voces de los
concurrentes, duró media hora.
De pronto, la reina Moina hizo un ademán y el dique que retenía las aguas
superiores comenzó a derribarse.
Por un cruel refinamiento, se hizo que la corriente no se precipitara de golpe. Era
una forma de procurar una muerte horrenda a los condenados.
El agua iba ahogando a las esclavas que cubrían el fondo de la fosa, quienes se
debatían en horribles sacudidas al luchar contra el ahogo.
El agua subía. Iban desapareciendo las últimas cabezas bajo la corriente.
Dick Sand, sumergido hasta el pecho, intentó un último esfuerzo por romper las
ligaduras, pero bien pronto desapareció también bajo las aguas, que recuperaban
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