UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 96
Un Capitán de Quince Años
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ataduras que le impedían arrojarse sobre aquel malvado.
-He venido a verle -dijo Negoro con fina ironía- en visita de cortesía, puesto que
considero un deber saludar por última vez a mi joven y querido capitán.
Dick no respondió.
-¡Vamos! ¿Es que no conoce ya a su antiguo cocinero?
Nuevo silencio de Dick, que Negoro interpretó como el mayor de los desprecios,
por lo que con su pesada bota golpeó brutalmente al joven.
El muchacho no profirió un solo lamento.
- ¡Hable! ¡Contésteme! -rugió Negoro, al tiempo que pisoteaba de nuevo a Dick.
El furor de aquel malvado no tenía límite.
- ¡Su vida me pertenece! -gritaba en el paroxismo de la ira ante la impasividad de
su víctima-. ¡Aquí el capitán soy yo, soy el amo! ¡Su vida está en mis manos!
Por fin, Dick Sand dijo:
-Tómala, pero has de saber que hay un Dios en el cielo que ha de castigar todos
tus crímenes. La muerte no me causa temor.
- ¿Es que cuentas con algún socorro? ¿Es que crees que en Kazonndé alguien
puede ayudarte? ¡Estás loco! Incluso Tom y los suyos están lejos de ti.
-Pero Hércules está libre -dijo el grumete con tranquilidad.
-Ese loco hace mucho tiempo que fue pasto de las fieras.
-Queda alguien más -continuó Dick Sand-. Si Hércules ha muerto, queda aún
Dingo, que se basta y sobra para acabar con un hombre como tú. Dingo te
buscará, Negoro, te encontrará y morirás desgarrado por sus colmillos.
Negoro perdió la serenidad y abalanzándose sobre Dick lo cogió por el cuello para
estrangularlo, pero se detuvo al comprender que si mataba al joven ello le privaría
de satisfacer sus instintos morbosos, viendo cómo el muchacho moría después de
una larga agonía. Soltó a Dick y tras encarecer al hivaldar que no perdiese de
vista al prisionero, salió del barracón.
Aquella escena, en vez de abatirle, devolvió al joven grumete toda su energía
moral.
La luz del día, que se filtraba por las juntas de la puerta del barracón, fue
apagándose poco a poco, hasta que llegó la noche y se extinguieron los últimos
ruidos del exterior.
Transcurrieron varias horas hasta que Dick pudo conciliar el sueño.
Gran número de indígenas trabajaban en preparar la tumba de Moini Lungga con
el fin de que a la hora fijada estuviese todo dispuesto.
Al clarear el día, una gran fosa de seis pies de profundidad se abría en el lecho del
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