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Un Capitán de Quince Años
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XXIV
LA MUERTE DE UN REY
Varios indígenas se arrojaron sobre Dick con el fin de hacerle pagar caro su
osadía, cuando apareció Negoro, que evitó que el grumete fuese asesinado.
Alvez y Coimbra no estaban de acuerdo con Negoro, quien parecía dispuesto a
perdonar la vida del muchacho; pero aquél les dijo que había planeado para el
joven una muerte más en consonancia con su categoría de capitán.
Finalmente Alvez y Coimbra accedieron a la petición de Negoro y el primero dio la
orden de que se encerrara al grumete, con la recomendación de que fuese
estrechamente vigilado.
Por fin Dick Sand había visto a Negoro, el hombre culpable de toda la situación.
Aquel miserable que le era más odioso aún que su cómplice.
Fuertemente encadenado, Dick fue encerrado en un barracón que Alvez tenía
reservado a los esclavos condenados a muerte por rebeldía.
El 28 de mayo, dos días después, se abrió el mercado donde los tratantes de las
principales factorías del interior y los indígenas de las provincias limítrofes con
Angola se reunían para llevar a cabo sus transacciones.
Aquel mercado no se efectuaba sólo para la venta de esclavos, sino que en el
mismo se comerciaba con todos los productos de la fértil África.
La animación era muy grande y todo hacía suponer que se llevarían a cabo
buenos negocios.
Pronto aparecieron unos dos mil negros de todas las edades, que debido al
descanso y a una mejor alimentación, ofrecían un mejor aspecto, y estaban en
condiciones de figurar de un modo ventajoso en las ofertas.
Alvez sabía que los recién llegados no podían compararse en aspecto con los que
desde hacía tiempo guardaba en los barracones, pero las demandas procedentes
de la costa oriental le decidieron a exponerlos tal y como estaban.
Para Tom y sus compañeros aquella decisión del tratante constituía una desgracia
porque, sin apenas descanso, se verían impotentes para afrontar otra larga
caminata.
Un agente conducía a Tom y a los suyos, que fueron mostrados a distintos
compradores, los cuales acudían a examinarlos. Los palpaban y les hacían abrir la
boca, como se hace con los caballos. Después les obligaban a correr para
comprobar su resistencia física.
Dentro de la desgracia, Tom y sus compañeros tuvieron suerte. El lote que
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